Culturas

Vivian Maier: ver sin ser vista

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Uno de los autorretratos de Vivian Maier
ARTE

De perfecta desconocida a «artista revelación» que duplica exposiciones. Es el fenómeno Vivian Maier en la Fundación Canal (Madrid) y Foto Colectania (Barcelona)

La figura de Vivian Maier (1926-2009) acumula todos los rasgos que se asocian con uno de los «mitos» modernos más persistentes sobre la figura del artista: el del gran autor «ignorado» que sólo el curso del azar permitiría recuperar. Un relato estereotipado que la imaginación colectiva asocia ante todo con Van Gogh.

Maier no llegó a presentar nunca públicamente su trabajo como fotógrafa. Rotos sus lazos familiares, se ganó la vida como ama de llaves y niñera. Aparte de la relación con los niños, con quienes salía a la calle en sus recorridos fotográficos, mantuvo una gran distancia con las familias que la acogían o con cualquier otra persona. Fue una solitaria extrema. Alguien que pasó por la vida mirando continuamente, y registrando lo que miraba con la cámara, pero sin dejarse ver nunca.

Hallazgo oscarizable

Nadie llegó a conocer mientras vivió su trabajo fotográfico, cuyo comienzo se sitúa a finales de los años cuarenta del siglo pasado. Se contabiliza que llegó a acumular más de 2.000 rollos sin revelar, 5.000 fotografías impresas y más de 120.000 negativos. Todo ese material, más un conjunto de documentos de carácter muy variado, quedó depositado en un guardamuebles y posteriormente embargado y vendido.

Es entonces cuando interviene el azar. John Maloof, un joven estudiante que buscaba fotos para una investigación, adquirió en una subasta pública parte de los bienes que habían pertenecido a la niñera. Ahí comenzó un auténtico descubrimiento y un proceso de búsqueda, que Maloof sintetizó de modo brillante en la película, en colaboración con Charlie Siskel, «Encontrando a Vivian Maier» (2013), nominada para los Oscar de Hollywood en la categoría de documentales.

Maier fue una solitaria extrema. Alguien que pasó por la vida registrando lo que veía con la cámara, pero sin dejarse ver nunca

Así, poco a poco, desde 2010, la obra de Vivian Maier ha ido conociendo una difusión cada vez más intensa. En España, tras sus anteriores presentaciones en Valladolid en 2013 y en 2015 en Bernal Espacio, llega a la Fundación Canal (y a la Foto Colectania) esta magnífica exposición de síntesis, que permite apreciar el gran interés y la calidad del trabajo de esta mujer que recorría las calles con la misma estela que Baudelaire precisó: la del «flâneur» que transita sin un rumbo determinado a la espera del encuentro poético.

En la muestra de Madrid, de excelente montaje, se presentan 120 fotografías articuladas en 6 secciones. Y también 9 películas en Super 8. En ellas podemos apreciar la intensa capacidad en la captación del detalle normalmente inadvertido que caracteriza la obra de Maier.

La cámara que utilizaba, una Rolleiflex, le permitía enfocar sin subirla hasta sus ojos, lo que facilitaba tomar las instantáneas: retratos de personas, objetos o situaciones de todo tipo, siempre en las calles, sin que ello fuera advertido. Sus ojos se deslizaban silenciosos para fijar con la cámara la visión. Su mirada estaba cargada de pasión: ver sin ser vista.

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