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El malestar en las bases de Ciudadanos por el veto a Rajoy precipitó el cambio de Rivera

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Imagen de la reunión que mantuvieron Mariano Rajoy y Albert Rivera el miércoles – IGNACIO GIL
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Las señales de que la estrategia era errada llegaron tras el conato de rebelión en Málaga por la mano dura con el PP y la connivencia con Susana Díaz

Hace mucho calor en Málaga a finales de mayo. Juan Marín, líder de Ciudadanos en Andalucía, lo está pasando mal con el conato de rebelión de sus bases. Hay malestar, mucho malestar. Primero, con la dirección del partido por la estrategia de connivencia con los socialistas de Pedro Sánchez que a la postre se ha saldado sin investidura- después, con la mano tendida al PSOE de los ERE en Sevilla- y, finalmente, con el veto, insistente y paralizante, a Mariano Rajoy en Madrid. Tampoco pasa inadvertido en Málaga la mano dura que se emplea contra la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, en comparación con la flexibilidad brindada a Susana Díaz. Y ello a pesar de que con la madrileña y, por extensión, con el PP se comparte electorado en el centro-derecha.

Ya están convocadas las elecciones el 26-J y a la dirección llegan inquietantes noticias y estudios internos: parte de sus votantes, los migrados del PP, no perdonan la sintonía con la izquierda. Así lo cuenta un dirigente: «Era lógico que intentáramos desbloquear la situación tras el 20-D pero también sabíamos que la factura iba a ser alta».

Los peores pronósticos se confirman a las 10:30 del último domingo de junio: la formación de Rivera pierde un punto, ocho escaños y 400.000 votos respecto a solo seis meses antes. Y lo que es peor, cada vez es menos determinante para formar Gobierno. Lo ocurrido en Málaga o la debilidad en Castilla y León y en otros territorios pesará y mucho cuando 44 días después, el pasado 9 de agosto, la fuerza naranja mande un mensaje a los periodistas: a las cinco, rueda de prensa de Albert Rivera en el Congreso. A esas horas se habla de un anuncio «muy importante».

Horas antes la Ejecutiva de Ciudadanos se ha reunido de forma extraordinaria. Todavía suenan en las radios los ecos de sus tres principales portavoces mediáticos —Villegas, Gutiérrez y Girauta— claveteando el mensaje anti-PP: Ciudadanos no es decisivo y nunca va a cambiar la abstención técnica por el sí, porque Rajoy «no nos gusta». En esa reunión de la dirección naranja no se sirve comida alguna, más allá de un café o una botella de agua. Aunque el portavoz parlamentario, Juan Carlos Girauta, reconocería horas después ante Carlos Herrera en la COPE que «nos hemos tragado un sapo y nos tragaríamos cien más por España». Lo que se han tragado es la investidura de Rajoy, al que han vinculado durante meses con la corrupción en el PP. El golpe de timón de Rivera se mascaba en la sede naranja desde lo de Málaga. Hay quien asegura hoy en Ciudadanos que el temor a que les ocurriera lo de la UPyD de Rosa Díez también planeó. El CIS del lunes tampoco invitaba al optimismo. Empezaron con un 13,93% de apoyo- el 26-J cayeron hasta el 13,04% y las encuestas les hundían hasta el 12%. Con unas terceras elecciones, admite un cargo de este grupo, «el castigo hubiera sido tremendo». Nacieron como una alternativa al bipartidismo y podían quedarse en accidente histórico.

Buena acogida en las bases

Cuando los miembros de la Ejecutiva son convocados todos saben que el volantazo es inevitable. Y nadie pone pegas. A lo más que llegan es a sondear a sus diferentes bases locales. «El retorno que estamos recibiendo es muy bueno», asegura la portavoz madrileña Begoña Villacís horas después de la comparecencia de Rivera en la que, para cambiar su voto, reclama seis condiciones de regeneración al PP así como una fecha para la investidura.

Nadie reconoce presiones en Ciudadanos pero, según ha sabido ABC, en ese mes y medio no solo contó la conciencia de Estado y la estrategia política. Un alto cargo del actual Gobierno en funciones reconoce que las llamadas a la responsabilidad de Rivera han existido. Recados de dirigentes del PP en conversaciones privadas. Incluso ese alto cargo popular habla de algunas empresas del Ibex y de bancos de campanillas que, con una tercera cita electoral, ven peligrar la recuperación económica de España. Pero C&rsquo-s rechaza cualquier tipo de especulación al respecto. Como descarta también los cálculos a corto plazo. Sin embargo, la proximidad de dos retos electorales para este partido se antojaban insalvables con el bloqueo institucional: las autonómicas vascas, donde Ciudadanos está condenado a la irrelevancia, y las gallegas, plaza en la que no halla acomodo entre el fuerte PP de Núñez-Feijóo y el conglomerado de extrema izquierda, con las Mareas y Podemos.

No obstante, el deshielo con Rajoy arranca en julio, cuando —esta vez sí— el aspirante a la reelección acepta el encargo del Rey. Es el candidato del jefe del Estado y ese es precisamente uno de los argumentos con el que defendió Rivera su acuerdo para la investidura fallida de Sánchez. El portazo a los separatistas catalanes también facilita las cosas. Tanto que de la primera reunión entre ambos, el presidente en funciones sale optimista. En su partido hay quien cree que es por el choque de temperaturas tras su estéril encuentro con el líder de Ferraz.

Pero Rajoy sabe ya que tanto su ministro Luis de Guindos como Luis Garicano, el gurú económico de Ciudadanos, avanzan discretamente en dos compromisos ineludibles para el nuevo Ejecutivo: el techo de gasto y los presupuestos de 2017, que tienen que viajar a Bruselas antes del 15 de octubre. Rajoy no es muy simpatizante de Garicano- todavía se recuerda en Moncloa cuando acudió con Guillermo de la Dehesa, en pleno cataclismo económico en septiembre de 2012, para sugerir al Gobierno que pidiera el rescate. Garicano siempre lo ha negado. Pero, los populares recuerdan cada detalle de aquel encuentro. Sin embargo, también aquí los vetos están prohibidos, admite un alto cargo del PP.

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