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La tragedia del PP de Madrid en tres actos: la «gestapillo» de Aguirre, las cremas de Cifuentes y el espionaje a Ayuso

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La vida interna de los populares en esta Comunidad Autónoma ha sido un continuo foco de titulares, investigaciones y tramas oscuras desde hace décadas.

La vida interna del Partido Popular (PP) de Madrid ha sido un continuo foco de titulares, investigaciones y tramas oscuras desde hace décadas. La guerra total que se ha desatado en los últimos meses entre la dirección nacional de Génova, que lidera Pablo Casado, frente a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es solo un capítulo más. Los anteriores tuvieron que ver con la llamada «gestapillo» atribuida a Esperanza Aguirre o el episodio de las famosas cremas de Cristina Cifuentes.

Aguirre llegó al poder de la Comunidad de Madrid en 2003, «tamayazo» mediante. Los enfrentamientos con el entonces alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, fueron sonados. «Yo creo que hemos tenido una inmensa suerte de poder darle un puesto a IU quitándoselo al hijo de puta». Un micrófono abierto pilló a Aguirre hablando así, sin nombrarlo, de Alberto Ruiz-Gallardón en 2010 a cuenta de los consejeros de Caja Madrid. Su interlocutor era el por aquel entonces vicepresidente, y mano derecha, Ignacio González.

Antes de eso, en octubre de 2004, Aguirre ganó un primer pulso. En plena disputa por el liderazgo del partido a nivel regional, Gallardón se retiró de la batalla por su falta de apoyos. La candidatura que iba a encabezar su vicealcalde, y hombre de confianza, Manuel Cobo dio un paso atrás y dejó manos libres a Aguirre para dirigir el partido.

Otro punto álgido de la disputa puede situarse cronológicamente a finales de 2007. Tal y como relatan las crónicas, se produjo una tensa reunión entre los dos protagonistas madrileños frente a Mariano Rajoy y Ángel Acebes, entonces presidente y secretario general de los populares, respectivamente. «Estoy harto de vuestros enfrentamientos», cuentan que les dijo Rajoy. La intención de Gallardón era ir en las listas de las elecciones generales de 2008. Al no recibir apoyo, incluso amenazó con dejar la política. «El que les habla ha sido derrotado», reconoció públicamente el alcalde en enero de 2008. Aguirre, en todo caso, tampoco entró en aquellas listas.

Pronto se comenzaron a producir choques entre administraciones. Los coletazos de aquello llegaron hasta épocas más recientes. En 2018, el equipo de Gallardón acusó, en sede judicial, al expresidente Ignacio González y el exgerente de Canal de Isabel II, Ildefonso de Miguel, de fabricar un dossier falso para perjudicarles en la causa de la Operación Lezo…

La guinda de este culebrón la pone el espionaje. El entorno de Gallardón, en concreto el ya mencionado Cobo, denunció que él y el consejero Alfredo Prada estaban siendo espiados por funcionarios de la Comunidad de Madrid en 2008. La llamada «gestapillo», como la calificó Cobo. El juicio se celebró mucho más tarde, a comienzos de 2019, y todos los acusados fueron declarados no culpables.

El caso Cifuentes

En 2016, salpicada por la corrupción aunque sin ser condenada, Aguirre dimitió como presidenta del PP de Madrid. Se nombró entonces una gestora liderada por Cristina Cifuentes, que había ganado las elecciones el año anterior. La relación entre ambas corrientes, como se había visualizado durante la campaña de 2015, no era modélica.

Y se cristalizó, además, con el nombramiento de José Luis Martínez-Almeida como portavoz municipal en 2017 tras la dimisión de Aguirre de su cargo público, una vez que Ignacio González entrara en prisión en el marco de la Operación Lezo. El actual alcalde era el favorito de Cifuentes mientras que Íñigo Henríquez de Luna, hoy en Vox, era el candidato aguirrista.

La vida política madrileña de Cifuentes y su afán de renovación terminó pronto y de forma abrupta. Las informaciones sobre su máster en la Universidad Rey Juan Carlos se remataron con el famoso vídeo de las cremas en abril de 2018. Cifuentes denunció una campaña de «acoso y derribo». Ella mismo destacó que «hubo fuego amigo» y que se diseñó en un despacho por políticos del PP y algunos empresarios.

Ayuso vs Casado

En junio de 2018, poco después de la salida de Cifuentes, la vicesecretaria de Comunicación y portavoz del PP de Madrid era Isabel Díaz Ayuso. No ocultaba su predilección por Pablo Casado como candidato a dirigir el partido a nivel nacional. En julio, Casado se impuso a Soraya Sáenz de Santamaría. Por aquel entonces, Ayuso era una desconocida para el gran público. Solo tres años después es un fenómeno político de primer orden. Quizás, especialmente por sus últimos resultados electorales del 4 de mayo, de más relevancia que el propio Casado.

A partir de ahí se ha desatado una guerra total entre Génova y Sol. La justificación es la disputa por el poder en el PP de Madrid. Ayuso tiene la firme intención de presentarse, pero en la dirección que lidera Casado no lo han visto con buenos ojos. Su intención era apostar por una «tercera vía» para no tener que enfrentar a Almeida y Ayuso. Pero es una opción difícil de concretar, especialmente porque la presidenta no cede en sus pretensiones.

Ayuso quiere, además, que el Congreso de renovación del partido se celebre cuanto antes. Pero en Génova lo sitúan antes del verano. La sucesión de hechos nos ha dejado pullas en público de diferentes dirigentes populares y barones, bloqueos en Whatsapp y una rebelión de Ayuso incluso por medidas adoptadas por su propio partido como las cenas de Navidad.

Lo último ha sido la revelación de un supuesto espionaje contra la presidenta madrileña por un contrato adjudicado en el que estaría implicado su hermano. En esta trama, que Almeida y en Génova han negado, estaría implicado de forma directa Ángel Carromero, cuyo nombre ha sonado ya en otras ocasiones como uno de los protagonistas principales, junto a Teo García Egea o Miguel Ángel Rodríguez, de toda la guerra.

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