Así cambiamos la cara de los perros para que nos parezcan irresistibles

Published 17/06/2019 in Ciencia

Así cambiamos la cara de los perros para que nos parezcan irresistibles
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Gracias a la domesticación desarrollaron un músculo que les permite alzar las cejas. Este gesto facilita el contacto visual y hace que reciban cariño

Parece ser que hace unos 33.000 años los lobos comenzaron a acercarse a los humanos, cuando estos todavía se dedicaban a cazar y recolectar frutos. En un principio quizás solo lo hacían por conseguir un poco de comida, pero poco a poco se convirtieron en compañeros inseparables. Durante generaciones los hombres escogieron como compañeros a los animales que más les convenían. Como estos comenzaron a reproducirse entre sí, con el tiempo, surgieron los perros: animales dóciles, hábiles y capaces de comunicarse muy eficazmente con sus cuidadores- pueden leer las emociones humanas y entienden muchos de nuestros gestos.

No está del todo claro cómo ocurrió esta domesticación y por eso hoy en día los investigadores siguen comparando los rasgos de lobos y perros. Una de las cosas que se ha concluido más recientemente es que la comunicación entre perros y humanos descansa en un importante detalle: el contacto visual. Precisamente este lunes se ha publicado un estudio en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences que sugiere que las expresivas cejas de los perros son fruto de la importancia del contacto visual y de las preferencias humanas.

«Mostramos que, en solo 33.000 años, la domesticación transformó la anatomía de los músculos faciales específicamente para la comunicación facial con humanos», escriben los autores, dirigidos por Juliane Kaminski, investigadora en la Universidad de Porstmouth (Reino Unido).

La importancia de la mirada

Muchos estudios han mostrado que el contacto visual entre perros y humanos es una de las claves que muestra lo estrecho que es su vínculo. Se ha averiguado que los perros, pero no los lobos, establecen contacto visual con los humanos cuando no pueden resolver un problema por su cuenta, y que también tienen inclinación a establecer este contacto desde que son pequeños. Este contacto también ayuda a estos animales a entender cuándo una comunicación es importante y está dirigida a ellos, y se ha descubierto que el vínculo activa la liberación de oxitocina tanto en humanos como en perros: de hecho, esta hormona es una de las que permiten el establecimiento de vínculos entre madres y niños.

A la vista de todo esto, los autores del estudio argumentaron que es muy probable que hace miles de años los cuidadores de los perros seleccionasen ciertos rasgos que favoreciesen el contacto visual.

De hecho, hoy en día es bien sabido que los perros pueden elevar sus cejas, haciendo que sus ojos parezcan más grandes y parecidos a los de un niño. Al mismo tiempo, se ha averiguado que las personas suelen favorecer a animales con rasgos pedomórficos o infantiles (como lo son una frente amplia o unos ojos grandes). Está claro que este rasgo despierta la ternura y las ganas de proteger y cuidar.

Además, en otros estudios se ha observado que el movimiento de elevar las cejas parece ser especialmente atractivo para los humanos, porque agranda los ojos y resulta similar al gesto que hace una persona triste, lo que promovería el cuidado.

Para comprobar si esta capacidad de mover las cejas es resultado de la evolución, Kaminski y colegas compararon la anatomía facial de seis perros domésticos y cuatro lobos grises. Además, hicieron estudios de comportamiento en 27 perros y nueve lobos.

Así descubrieron que en casi todos los perros estudiados hay un músculo del que apenas hay un rastro en lobos, y que permite mover la esquina de la ceja hacia las orejas. La única variedad que ha resultado no tener este músculo es la del husky siberiano, una raza muy antigua de perro.

Además, los estudios de estos investigadores revelaron que los perros elevan más frecuentemente y con más intensidad sus cejas si pasan dos minutos en presencia de un humano.

Dado el cambio de comportamiento observado en los perros y la presencia de un músculo para mover las cejas, los autores han sugerido que la selección humana ha promovido la aparición de las cejas expresivas entre los canes.

Esto significa, según los autores, que las interacciones sociales entre humanos y perros son lo suficientemente fuertes como para ejercer una selección capaz de transformar la anatomía facial de los perros. Los autores se plantean ahora si otros animales domesticados, como los gatos o los caballos, o incluso variedades de perros, también habrán experimentado este tipo de cambios.

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