
Manzanares corta la única oreja en una noble pero floja corrida de Juan Pedro Domecq
Gran expectación, cartel de “No hay billetes”, tres toreros artistas de distinta edad: en los cuarenta, Ponce- en los treinta, Manzanares- en los veinte, Ginés Marín. Las ilusiones se derrumban ante el petardo mayúsculo de los toros de Juan Pedro Domecq: han salido dos sobreros y ninguno de los ocho ha valido de verdad para nada. Manzanares se ha contentado con una oreja, en el segundo toro. Dos horas y tres cuartos de un lamentable espectáculo. En otra Plaza, hubiera habido un escándalo de orden público.
Más allá de la anécdota, conviene ir, orsianamente, a la categoría. Toda la vida, el toreo ha sido un arte único porque compaginaba la belleza con la emoción- había que dominar a un animal feroz, terrible, para, después, intentar crear belleza. La unión de las dos cosas creaba un espectáculo extraordinario. Parece que eso ya se considera una antigualla: “los tiempos adelantan / que es una barbaridad”. Según muchos taurinos, hoy en día se ha conseguido lidiar los toros más bravos que nunca. Eso repiten, muy ufanos. Supongo que se refieren a toros como los de esta tarde, que salen de chiqueros rodando por la arena o embistiendo ya con una templanza absoluta, antes de ser picados. (“Otra antigualla, la suerte de varas”, opinan). ¿Cuándo se ha visto que, de salida, un toro embista ya a cámara lenta, para deleite de su matador? Por eso, ahora, muchos diestros hablan de que van a la Plaza “a disfrutar”, no a pasar miedo ni a vencer dificultades.
Con estos toros, cuando el cartel reúne a verdaderos artistas – los tres de esta tarde, por ejemplo – , el público puede aplaudir la belleza de algún lance o muletazo pero se le ha hurtado la mitad del espectáculo, lo que le daba real grandeza: la fuerte emoción de ver como se domina a un toro con casta y fuerza. Dentro de poco, la mayoría de los publicos no sabrá qué era eso. Hemos caído en un lamentable esteticismo amanerado.
Bajemos a los detalles concretos. El primer toro sale ya cayéndose , como harán sus hermanos, pero embiste a cámara lenta, como si ya lo hubieran ahormado. Ponce lo tantea con suavidad y sucede lo de tantas tardes: una maestría indudable pero una falta absoluta de la emoción que proporciona el toro encastado. Aguanta Enrique que se pare a mitad, se mete entre los pitones: una porfía meritoria pero con muy poco sentido, que provoca la impaciencia del respetable. Mata mal. El cuarto se llama “Ojeroso” y parece salir dormido: flaquea, embiste cansino, apagado. Una vez más, se luce, como enfermero, con un toro que se queda muy corto. Toda la faena trascurre al grito, repetido, de “¡Vamos, toro!” Pero ni la maestría de Ponce le convence de que vaya… Comenta Eugenio: “Le está robando la faena”: es verdad, pero el botín que saca es muy escaso y vuelve a matar mal.
Muletazos majestuosos
A Manzanares le toca el único toro que se mantiene un poco. De salida, embiste ya con la suavidad del carretón. Pica muy bien Paco María. Se luce José María en muletazos solemnes, majestuosos, con empaque- sobre todo, en los cambios de mano y los de pecho, al hombro contrario, describiendo casi un círculo. Logra una gran estocada y corta una oreja- con más ambición, hubieran podido ser dos. El quinto, por flojo, echa las manos por delante, sale del caballo gateando, se cae en banderillas- en la muleta, va y viene dócilmente (¿se puede decir eso de un toro bravo?). Dibuja el diestro algún muletazo con clase pero el toro dura poquísimo, se va de la muleta, desentendido. Recurre en seguida al circular invertido. El toro se ha rajado a tablas y, allí, Manzanares falla sorprendente y reiteradamente con la espada.
En el tercero, Ginés Marín dibuja verónicas a un toro ya templadísimo, de salida, que busca las vueltas y derriba al picador (el padre del torero): una ilusión de fiereza que pronto se desvanece. Brinda a Sergio Ramos, en un burladero. Muestra Ginés sus buenas maneras, muletea suave pero el toro se apaga en seguida- la única emoción, cuando se le para, en mitad del muletazo. Deja buena impresión pero, así, no cabe el triunfo. El sexto , “Jaguar”, más bien parece un cordero. Acierta el Presidente Luque devolviéndolo, igual que al primer sobrero. El segundo sobrero también se cae: hasta este paciente público está ya hasta la coronilla. Es imposible que Ginés consiga la emoción, aunque brinda al público, se esfuerza y mata bien.
Escucho a un vecino, indignado: “¡Es de denuncia!” Y a su compañero, más sutil: “¿A quién?” Asoma la guasa sevillana: “Por el mismo precio, hemos visto más toros…” No cabe duda.
Una vez más, hemos lamentado una Tauromaquia muy disminuida. Se busca aliviar, mantener y cuidar , en vez de poder, dominar y someter al toro. No hemos visto “Tres tristes tigres” (Cabrera Infante) sino seis tristes toros: los muy tristes toros que “se dejan”- los que buscan la “toreabilidad”, esa excusa- los que aburren a las ovejas y echan a la gente de las Plazas…
¿Va a cambiar esto? No veo por qué. Mientras las primeras figuras sigan apuntándose a estos toros, seguiremos igual.
El último ya está en el albero. Herrado con el número 80, bautizado como Jaguar, negro, de 564 kilos. Va para atrás. Asoma el pañuelo verde. Va a salir el sobrero, Pantomimo II, colorado chorreado, de 555 kilos. Devuelto también el sobrero. Sale Octavillo, negro listón, de 528 kilos. Lo brinda Ginés, pero no hay nada que hacer con animal tan deslucido. Lo mejor: la estocada que da fin al espectáculo.
Sale el quinto, Escopetero, negro listón, de 565 kilos, herrado con el 83. Necesita Manzanares dos orejas para cruzar la Puerta del Príncipe, aunque el toro no es especialmente prometedor en lo que a casta se refiere. Le otorga mucha distancia el matador y lo oxigena mucho, llevándolo en línea primero y rompiéndose más a continuación. Desigual la faena con un toro que se deja sin transmisión. No remonta el vuelo enre la decepción por una corrida de expectación pero con tan poca pujanza que todo se está diluyendo. La noticia es que pincha ahora Manzanares. Entre los desaciertos, suena un aviso. El juampedro se echa, aunque luego vuelve a levantarse. Y de nuevo pincha José María. Tampoco acierta con el descabello. Algunos pitos.
El cuarto toro, número 102, Ojeroso, negro listón, de 536 kilos, sale ya como picado. Tiene temple, pero se nota su justo poder y raza. Enrique Ponce lo cuida desde la salida. Y le aplica el prólogo ideal en la muleta. Lo empuja hacia delante el valenciano, todo con elegancia, parsimonioso, pero aquello no transmite lo suficiente por la sosa condición del rival. Pinchazo hondo y cuatro descabellos. Otra vez alargó en exceso y se llevó un aviso. Es ovacionado
Ya está el tercero, número 21, Proeza, negro, de 579 kilos. Se siente a la verónica Ginés Marín. El toro derriba con estrépito al picador, en una soberana voltereta del caballo y la caída del picador, Guillermo Marín, padre del matador. Quita por aladas chicuelinas Ponce. Pide calma durante la lidia Ginés, que brinda a Sergio Ramos, «un grande del fútbol y un gran aficionado». Mide los tiempos Ginés, que oxigena mucho al toro en los inicios. Templa el torero jerezano, afincado en Extremadura. El toro no vale casi nada, se queda muy parado. Ginés se pone en las distancias cortas, aguantando parones. Pinchazo y media. Saludos.
Sale el número 163, Manzanilla. castaño, de 583 kilos. Se templa en el saludo a la verónica Manzanares, con un guapo toro, enclasado de salida. Despacioso el quite a la verónica de Ginés, con una media soñada. Apunta una calidad y una nobleza extraordinarias este Manzanilla. Muy centrado, intercala Manzanares una serie por cada pitón, con señorial empaque, especialmente al natural, con muletazos fantásticos, y un pase de pecho de mucha torería. Suena la música. Majestad en la estupenda faena de la figura alicantina, aplaudida por Sergio Ramos. Se gusta el torero de principio a fin. Torerísimos los ayudados y el broche. Entierra un espadazo hasta los gavilanes. Oreja que sabe a poco. ¿Faltó una tanda más? Habla Sergio Ramos a los micrófonos de Movistar Plus: «Me gusta dentro de lo que nos permite el calendario disfrutar de un día de Feria, os sigo siempre desde casa. Sevilla tiene una sensibilidad distinta. Es un torerazo, está en un momento cumbre, todo lo ha hecho muyu bien. No sé si nos ha sabido a poco esa oreja. Para gustos, los colores, nos gustan los toros, que son cultura». Al entrar al callejón, habla Manzanares: «Intentando disfrutar cada tarde de esta preciosa plaza y afición. Ha obedecido muy bien el toro, tampoco podía apretarle mucho. Eran series ayudándole, lo que psa que a veces la pasión te hace cometer fallos y dejas la técnica. Ha sido un gran toro. No podía ligarle demasiado, porque se me acababa».
Sale el primero, Dibujante, número 109, negro, de 572 kilos. El toro anda muy justo de casta y fuerza. Enrique Ponce tiene que tirar de él, todo a favor, pero se queda muy corto, tan desfondado. Muy por encima el maestro de Chiva, que acaba en las cercanías. Metisaca bajo, pinchazo hondo. Aviso. Se echa el toro. Silencio.
Con lleno de No hay billetes, hacen el paseíllo Ponce, de turquesa y oro- Manzanares, de nazareno y oro, y Ginés, de aguamarina y oro.
Esta mañana se ha sorteado la corrida de Juan Pedro Domecq, cuyos pesos oscilan entre los 536 y 583 kilos.
¡Buenas tardes! Bienvenidos a la undécima corrida de la Feria de Abril de Sevilla. Cartel de máxima expectación, con Enrique Ponce, José María Manzanares y Ginés Marín.
Esta mañana se ha realizado el sorteo de los toros de Juan Pedro Domecq que esta tarde se lidiarán en el duodécimo festejo de abono en Sevilla. El cartel lo componen Enrique Ponce, José Mª Manzanares y Ginés Marín. El festejo comienza a las 18.30 horas.
Este es el orden de lidia:
1. Número 109. Dibujante. Negro. 572 kilos. 12/2013
2. Número 163. Manzanilla. Castaño. 583 kilos. 01/2014
3. Número 21. Proeza. Negro. 579 kilos. 01/2014
4. Número 102. Ojeroso. Negro listón. 536 kilos. 12/2013
5. Número 83. Escopetero. Negro listón. 565 kilos. 02/2014
6. Número 80. Jaguar. Negro. 564 kilos. 01/2014
Los sobreros son:
1. Número 145. Pantomimo II. Colorado chorreado. 555 kilos. 01/2014
2. Número 41. Octavillo. Negro listón. 528 kilos. 11/2013
