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El verdadero villano de ‘Falcon y el Soldado de Invierno’ es el trastorno por estrés postraumático | Público

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Disney+ estrena este viernes la serie protagonizada por Anthony Mackie y Sebastian Stan recuperando sus papeles en el cine tras la pérdida de Steve Rogers/Capitán América

«Si vamos a hacer una serie con Falcon y Winter Soldier en ella, necesitamos al menos comenzar con la mejor acción que jamás hayamos visto», decía Kevin Feige, presidente de Marvel Studios, en una rueda de prensa internacional virtual poco antes del estreno de hoy en Disney+ de Falcon y el Soldado de Invierno.

Y así, precisamente, es como arranca el primer episodio de una historia de seis centrada en dos de los sidekicks con más potencial del MCU (Universo Cinematográfico de Marvel, según sus siglas en inglés) a los que los guionistas han sentado en el diván para, además de regalar escenas de acción trepidante, obligarles a afrontar el trastorno por estrés postraumático que arrastran.

Cada uno cuenta con su propio historial de traumas y momentos críticos en su recorrido por las películas de Los Vengadores. A Sam Wilson/Falcon (Anthony Mackie) le presentaron como un soldado que asesoraba a veteranos e intentando ayudar a Steve Rogers/Capitán América a superar haber estado desaparecido casi 70 años y ser devuelto a la vida después. Bucky Barnes (Sebastian Stan), amigo de la infancia de Rogers, se caía de un tren en marcha, le rescataba Hydra (organización nazi), experimentaban con él, le borraban la memoria, le colocaban un brazo robótico y durante décadas lo congelaban y descongelaban a placer para hacerle cumplir misiones mortales. Todo eso bajo el pseudónimo de Soldado de Invierno.

En traumas compartidos, ambos desapareciendo con el chasquido de Thanos y regresaron cinco años después a un mundo que había avanzado sin ellos para tener que despedirse del mejor amigo de ambos. Con un currículum así, no hace falta ser un experto en el Universo Cinematográfico de Marvel para saber que ambos están realmente mal y arrastran un TEPT de manual.

Porque no hay salud mental que resista tanto hecho traumático por muy superhéroe que se sea. Dicho esto, ese podría ser, a tenor de lo visto en el primer episodio de Falcon y el Soldado de Invierno, el verdadero villano de la serie. Aunque los haya más de carne y hueso como se apunta desde el inicio y se espera de una serie de superhéroes. A unos se les vence a puñetazo limpio. Al otro, con terapia, tiempo y ayuda.

La promesa que hacía Feige sobre lo que esperar de esta serie, la segunda de Marvel para Disney+ en esta Fase 4, iba encaminada en ese sentido. Acción, pero también saber mucho más de estos personajes de los que conocemos poco al haber sido tratados hasta ahora como secundarios, como sidekicks. De hecho, y como era de esperar, el equipo de guion capitaneado por Malcolm Spellman se ha tomado esto como «una oportunidad para profundizar».

En el capítulo de comparaciones con otras historias anteriores y fuera de Marvel, Spellman apuntaba a títulos como 48 horas, Rush Hour, Arma Letal y la primera de Bad Boys. Todo eso metido en la coctelera para dar a los protagonistas la oportunidad de avanzar y, en el camino, entretener, que al final es lo que se espera de un producto de estas características.

Sin olvidar, eso sí, abordar temas como la problemática de los veteranos (sean estos soldados o superhéroes) a la hora de reinsertarse en la vida civil, la mano negra del Gobierno, el sistema económico que favorece siempre a los mismos, la necesidad de parar para reconciliarse con el pasado y con uno mismo… Porque lo que se desprende de ese primer episodio que hoy llega a Disney+ es que Falcon y el Soldado de Invierno tiene mucho poso, mucho tema de peso y calado al que aferrarse más allá de la diversión y del espectáculo con el que arranca.

Y, como centro de todo, lo que une y separa a Sam y Bucky. «Dos personas muy distintas, opuestas», como las describía Mackie, que pese a sus diferencias se tienen «respeto mutuo, comprensión y aprecio». En este sentido, apuntaba Stan, «hay una especie de código de honor entre ellos». En cuanto a su personaje, al que reconocía que estaba un poco «asustado» de volver pese a llevar una década metiéndose en su piel por el nuevo giro y profundidad que toma, comentaba el actor que para Bucky «el TEPT no es algo con lo que haya terminado. Es realmente algo con lo que tiene que seguir creciendo. Y mejorar en el trato. Obviamente, es una parte importante de nuestra serie y fundamenta a estos dos personajes de maneras muy realistas».

Aunque, como recordaba Feige, es una temática que ya se ha tratado antes en el MCU (él mencionaba como ejemplo a Tony Stark), lo cierto es que lo más interesante que aporta Falcon y el Soldado de Invierno es el que, a al menos uno de ellos, le sienta literalmente en el diván de una consulta en la que es imposible no acordarse de Tony Soprano. Eso sí, Bucky lo afronta con mucha más ironía y chascarrillos que el mafioso de New Jersey. Después de todo, esto es Marvel.

Al final, Falcon y el Soldado de Invierno va, como apuntaba Stan, de buscar la identidad, de aceptar lo que ha ocurrido en el pasado y mirar hacia delante y ambos «definitivamente están en un lugar similar en términos de preguntas que se están haciendo». En el caso de estos dos personajes, y especialmente el suyo, muchas.

Pero ambos tienen como nexo de unión su amistad con Steve Rogers, su pérdida y el peso sobre sus hombros de su legado. Ahora, tanto personajes como actores se enfrentan al reto de, como bromeaba Mackie, «tomar la antorcha y no hacer un mal espectáculo. Y estoy muy feliz de decir que Steve Rogers estará orgulloso de que nuestra serie no apesta».

Además de Anthony Mackie y Sebastian están volviendo a sus papeles como Sam Wilson/Falcon y Bucky Barnes/Soldado de Invierno, regresan también desde el cine Daniel Brühl en el papel de Zemo y Emily VanCamp como Sharon Carter.

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