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Cine: Maite Alberdi: «¡He visto tantos viejos muriendo solos también sin pandemia! | Público

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Mi intención era hacer un documental sobre la soledad que se vive en las residencias, pero había estado trabajando como asistente de un detective privado y conocí el comienzo de este caso, el de un infiltrado en una residencia de ancianos para saber si trataban bien a las personas que vivían allí.

¿Lo primero fue Sergio Chamy, la vida en las residencias, la vejez…?

Mi intención era hacer un documental sobre la soledad que se vive en las residencias, pero había estado trabajando como asistente de un detective privado y conocí el comienzo de este caso, el de un infiltrado en una residencia de ancianos para saber si trataban bien a las personas que vivían allí.

¿Y entonces cambió y quiso hacer la película del caso?

Cuando llegó Sergio, me enamoré de él y tuve que convencer al detective para que le contratara. Sí, entonces yo me concentré en seguir primero los pasos del caso, pero fue el mismo Sergio el que fue dejando de lado su trabajo y comprometiéndose con los residentes. Así que yo sentí que también debía dejar de lado el caso. Y por eso terminé en los lugares a los que voy con el cine habitualmente.

Al final la película revela la soledad de la vejez.

Muchos de ellos son como niños, personas dependientes aisladas socialmente. Y nosotros no hemos asumido que es esencial establecer un vínculo entre las instituciones de los mayores y la sociedad. No debemos olvidarnos más. La pandemia nos lo ha puesto justo enfrente, lo ha hecho visible, ahora es más que evidente para la gente.

¿Cree que la pandemia provocará que esto cambie?

Los mayores han estado muriendo solos, es terrible, aislados y solos. ¡He visto tantos viejos muriendo solos también sin pandemia! Pero ahora creo que si lo hubiéramos sabido, no los hubiéramos dejado nunca. Esto desgarra desde otro lugar, es un inmenso dolor para la sociedad.

‘El agente topo’ ¿es un retrato de los ancianos desde la mirada propia?

Sí y por eso te hace romper muchos prejuicios sobre lo que es la tercera edad. Las mejores amigas de Sergio son las mujeres más locas, pero se hacen grande amigos, hasta hoy siguen siendo amigos. Son las más desconectadas por la demencia… Con matices como este, creo que la película se carga la caricatura que nos hemos hecho de la demencia.

¿Qué ha aprendido usted con la película?

Que no hay una forma de ser viejo. Al principio hay unos señores muy mayores que están buscando trabajo porque quieren seguir activos, hay otros de la misma edad que viven aislados… se pueden casar y enamorarse, son adultos mayores que son como quieren ser. Un problema creo que es que hay pocos modelos de los viejos desde el cine. Sergio empieza con un trabajo y se va haciendo amigos y se va abriendo, creo que con él seguimos un aprendizaje, una lección de cómo mirar.

¿Ha sido importante en la película evitar la condescendencia con que mucha gente trata a los viejos?

Fundamental, aunque debo decir que no ha sido difícil, porque conocíamos a los personajes y aprendimos en seguida a no mirarlos desde fuera. Esa condescendencia es producto de no involucrarse. Yo los gozo porque los conozco. Pasa lo mismo con los niños, si les das tiempo. Con los mayores se produce un cambio en ti mismo al cambiar la percepción sobre ellos. Es una relación de doble sentido, como si yo les aportara cosas y ellos me aportaran a mí. Es un intercambio. Además, me río mucho con ellos.

Las culturas orientales cuidan mucho a sus mayores…

…sí porque ellos saben, y lo sienten, que los mayores tienen algo que enseñarles, que son una voz válida.

Hay escenas en que los viejos preguntan ¿quiénes son los que están rodando?

Nos pasaba a menudo, es real, así que tuve que incorporarlo en el montaje. De esa manera, al mostrarlo, lo explicamos todo un poco. Por supuesto, pedimos permisos a todos los que aparecen. Les dijimos que estábamos haciendo una película de la tercera edad, era una mentirijilla blanca, y terminamos sacando lo bueno y lo malo, lo que pasa de verdad.

¿Y disimularon no conocer a Sergio?

Sí, entramos antes que él y cuando llegó, entró e hizo como que no nos conocía. Al final firmamos todos, también los trabajadores.

¿Ha cambiado su opinión sobre las residencia de ancianos?

Sí, porque yo también partí de un prejuicio. Me pasa igual con mi hija en los colegios, tiendes a culpar a las instituciones. En las residencias los trabajadores hacen lo que tienen que hacer y, por supuesto, algunas veces se van a equivocar, además no pueden suplir el cariño de las familias, esa no es su responsabilidad. Les delegamos a un terreno que no les corresponde. Los viejos se mueren en las residencias porque se les corta el vínculo con la sociedad.

No es la primera vez que hace usted un trabajo sobre ancianos…

…Eso pasa en el arte, todas mis películas son eso.

Con la pandemia, ¿la situación de los viejos de la película cambió algo?

Sí, en el hogar, con la pandemia, de pronto los familiares fueron a ver a los viejos. Hemos vivido el cambio a costa del dolor.

¿Es consciente de que su película hoy se ve de una manera diferente a antes del coronavirus?

Sí. También tenemos expectativas diferentes. Antes de la pandemia, todo esto pasaba, ellos se morían solos, nadie iba a verles, era como si tuvieran un virus. La pandemia ha cambiado la conciencia de los de fuera, no de los de dentro. Celebraban sus funerales sin familiares, ahora ocurre al revés y los familiares han empezado a llamar.

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