Salud

¿Te dan miedo los dulces mininos? Tal vez tengas ailurofobia o fobia a los gatos

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Tener mascotas, especialmente si se trata de perros o gatos, animales perfectamente adaptados al modo de vida de los humanos, puede aportarnos muchos beneficios

Tener animales de compañía, especialmente si se trata de perros o gatos, perfectamente adaptados al modo de vida de los humanos, puede aportarnos muchos beneficios, sobre todo a nivel psicológico y emocional. Sin embargo, hay que gente que no puede tenerlos por diversos motivos, como alergias o incluso por fobias. Y es que hay gente que padece lo que se conoce como cinofobia -miedo irracional a los perros- o ailurofobia -a los gatos- Hoy nos centramos en eta última, en sus posibles causas y en cómo podemos librarnos de ella.

En qué consiste la ailurofobia y cómo se manifiesta

Tener miedo a algunos animales puede ser algo normal, pues puede que pensemos que nos va a arañar, morder, nos da miedo si saltan, etc., pero cuando este miedo nos paraliza, es irracional, nos impide llevar a cabo una vida normal y causa síntomas como ansiedad o pánico, se trata entonces de una fobia. Si esto se produce cuando estamos cerca de un gato -o solo de pensar en su presencia-, estaríamos hablando de ailurofobia, un miedo exagerado e irracional a estos felinos. Para distinguir una fobia de un miedo, debemos fijarnos en su se presentan los siguientes síntomas o reacciones:

•Respuesta de huida o lucha. En cuanto ve un gato, intenta, o bien huir o enfrentarse anima, pues lo considera una amenaza.

•Hipervigilancia (si el gato está presente no se puede pensar en otra cosa), nerviosismo extremo, ansiedad… a veces solo con escuchar un maullido. En los casos más extremos incluso pueden producirse ataques de pánico.

•Ante la presencia del animal (o incluso con imaginar su presencia), la persona con ailurofobia puede tener incluso reacciones fisiológicas como taquicardias, mareos, sudoración, dolor en el pecho, sensación de ahogo, dolor de estómago, náuseas…

•Conductas de evitación. Por ejemplo, evitar ir a visitar a un familiar o amigo solo por el hecho de que tenga un gato en casa.

A pesar de que son mucho más peligrosos y tenerles miedo sería más racional, las personas con ailurofobia no suelen experimentar el mismo miedo hacia otros felinos como tigres o leones.

Qué causa a ailurofobia

Lo más habitual es que la fobia a los gatos esté presente desde la infancia y las causas, como ocurre con otras fobias, puede ser varias. Las más comunes son:

•Haber padecido un hecho traumático en el pasado. Este hecho traumático o experiencia negativa puede ser, por ejemplo, haber sido atacado por un gato siendo niños, haber visto una pelea entre gatos que nos haya marcado, etc. Si en aquel momento este hecho nos provocó miedo, ansiedad… nuestro cerebro realiza lo que se conoce como un ‘aprendizaje asociativo’ y repite aquel patrón de miedo, ansiedad… cada vez que ve un gato.

•Condicionamiento vicario. Esto sería una ‘fobia aprendida’ o por observación, es decir, que si alguien en nuestro entorno cercano -padres, hermanos, abuelos…- reaccionan de manera exagerada si ven un fato o nos dicen que nos alejemos, que araña, etc. nuestro cerebro aprenderá que hay que tener miedo a los gatos. Si este miedo no desaparece y tenemos conductas evitativas, puede convertirse en fobia.

•Predisposición. Hay personas que tienen más predisposición que otras a padecer determinadas fobias. Las personas con tendencia a padecer ansiedad también tienen más predisposición a padecer fobias.

•Creencias populares. Aunque, por suerte, esto está desapareciendo, tradicionalmente los gatos, especialmente los negros, se han asociado a supersticiones, mala suerte, brujería… Estas falsas creencias pueden hacer que algunas personas se sugestionen y terminen por desarrollar una fobia.

Cómo se trata la ailurofobia

La mejor forma de superar esta y cualquier otra fobia es exponerse a la causa que la provoca. Si la persona que la padece es capaz de hacerlo por sí misma o con al apoyo a alguien cercano, estupendo, pero lo más habitual es que, para superar una fobia, especialmente las que nos impiden llevar una vida normal, necesitemos ayuda profesional. Para tratar la ailurofobia, el psicólogo puede recurrir a diversas terapias, muchas veces una combinación de estas tres.

•Terapia de exposición. Esta técnica consiste en exponer al paciente de manera progresiva a la causa de la fobia -en este caso los gatos- para ir, también de manera progresiva, provocando lo que se conoce como ‘desensibilización sistemática’, es decir, que las reacciones que provoca la presencia de los gatos vayan desapareciendo. Para conseguirlo, y siempre adaptándose a los ritmos del paciente, primero se la expone a la imaginación, después a imágenes, luego a imágenes en movimiento, luego a la presencia del animal, después a tocarlo, etc. En este sentido existen tecnologías que pueden ayudar, como apps, realidad virtual…

•Terapia cognitivo conductual (TCC). Esta terapia se centra en la modificación de los pensamientos y el comportamiento de una persona que padece la fobia. El objetivo es que el paciente modifique poco a poco sus pensamientos negativos e irracionales y los sustituya por otros más realistas y adaptativos.

•Técnicas de relajación (respiración, mindfulness…). Esta parte de la terapia tiene como objetivo enseñar técnicas al paciente que le ayuden a manejar la ansiedad y el nerviosismo en los momentos en los que el miedo irracional aparece, como

•Fármacos. En algunos casos, si la fobia es muy grande, puede ser necesario recurrir a ansiolíticos para tratar, por ejemplo, ataques de pánico si estos son habituales.

Al igual que otras fobias, es importante no quitarle importancia y tratarla cuanto antes. Y es que, una fobia no tratada, además de agravarse con el tiempo, puede impedirnos llevar una vida normal. Los gatos forman parte de nuestra sociedad y no podemos impedir que su presencia nos impida llevar una vida normal ni aprovecharnos de todos los beneficios que pueden aportarnos.

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