«No nos asustan, esto nos da más fuerza»

Published 02/06/2019 in Catalunya, Espana, Politica

«No nos asustan, esto nos da más fuerza»
Rosa y Ruth, fotografiadas esta semana en Barcelona – PEP DALMAU

Pese a las amenazas, no dejan de recoger firmas para llevar la Selección a Barcelona

Son incombustibles. Hace tres años que Rosa y Ruth, las almas de «Barcelona con la Selección», instalan una carpa en la capital catalana para recoger firmas con el objetivo de que el equipo nacional de fútbol, después de 15 años, vuelva a jugar un partido en la capital catalana. Dos voces femeninas clamando a pie de calle, donde demasiado a menudo tienen que lidiar con los ataques y el menosprecio de algunos radicales independentistas.

El episodio más grave sucedió el 4 de junio de 2016. Era el segundo sábado que Rosa y Ruth montaban su carpa. Aquel día se instalaron en el barrio de Sant Andreu y cinco independentistas –que esta semana fueron juzgados por estos hechos– las abordaron, las insultaron, las agredieron y destrozaron su estand. Primero, sobre las cinco de la tarde, pasó por allí un hombre con su perro y las increpó. «¿Y a vosotras quién os financia?», les espetó. Cruzó la acera y les sacó fotos con su teléfono móvil. Fue un par de horas más tarde cuando llegaron los agresores. Estaban Ruth, Rosa y un amigo que les estaba ayudando. De repente, sintieron que la carpa se les caía encima. Pisaban las banderas- y las mesas y sillas volaban, siempre según la versión de las víctimas.

«Nos llamaban putas españolas y nos decían que nos fuéramos de allí», explican a ABC. ARosa la arrastraron hacia la carretera y, forcejeando, se cayó al suelo. A Ruth le llevaron el bolso, donde, entre otras cosas, tenía las llaves de casa. «Tuve que cambiar la cerradura, que me costó 300 euros», lamenta. Cuando llegaron los Mossos d’Esquadra los agresores se fueron, pero minutos más tarde, cuando las mujeres ya estaban recogiendo, llegó otro coche. Un individuo bajó, les lanzó un cubata, les hizo una peineta y arrancaron inmediatamente. Es el caso que esta semana se ha juzgado en la Ciudad de la Justicia de Barcelona.

Pero estas dos mujeres no se amilanan y, pese a los graves incidentes sufridos, continúan instalando cada dos semanas su carpa en las calles de la capital catalana. «No nos acobardamos, al contrario, esto nos ha dado más fuerza», explican en una conversación con este diario. Pese a que muchos amigos y simpatizantes les recomiendan que en lugar de estar solas en la carpa las acompañe siempre alguien, ellas lo descartan. «Nos dicen que vengan más personas para estar con nosotras, pero yo no tengo porque tener miedo. En una ciudad cosmopolita no tenemos que tener miedo. Solo estamos recogiendo firmas», explica Ruth.

Casi cada vez que montan la carpa pasa alguien que las insulta. Como la semana siguiente de la agresión de Sant Andreu. Fue un sábado en el se habían instalado en la plaza de España. Un padre ,que llevaba a un niño de la mano y a otro en un carrito, les espetó: «Ojalá os pasara otra vez». Un rato después, fue un joven en bici quien pronunció palabras similares.

Lanzamiento de una botella

Otro incidente, tal vez el segundo en importancia después de las agresiones de Sant Andreu, ocurrió el otoño pasado durante una manifestación de Jusapol, una asociación en defensa de los derechos laborales de guardias civiles y policías nacionales. Rosa y Ruth tenían su carpa, esa vez, en el Portal del Ángel, cuando un grupo de independentistas de una marcha contraria a la de Jusapol se encaró con ellas. Las acorralaron y les lanzaron una botella de cristal, siempre según su versión. Tuvieron que protegerlas una docena de mossos.

Pero los radicales que pasan por la carpa para amedrentarlas son una minoría. Según ellas, no hay término medio. «O nos aman, o nos odian», dicen. Y es que son mayoría los que se acercan a su estand para darles apoyo. «Tenemos éxito, siempre hay un ambientazo en nuestra carpa». Les llegan felicitaciones de muchas partes de España –incluso les enviaron rosquillas desde Badajoz–, pero los mayores elogios les llegan de catalanes que se paran en su estand, para unirse a ellas y, entre todos, conseguir que Barcelona acoja 15 años después un partido de la selección española de fútbol.

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