
La capital de España albergó hasta hace no mucho varios palacios, impresionantes fortificaciones, lujosos castillos e imponentes torres que fueron pasto de las llamas o reducidos
En mayo de 1958, el escritor y periodista Agustín de Figueroa, marqués de Santo Floro, escribía en ABC un artículo titulado: « Evocación de los palacios desaparecidos en Madrid». «No son tiempos propicios para las residencias fastuosas», advertía al principio del reportaje. En él repasaba los lujosos e imponentes edificios de la nobleza madrileña que antaño lucieron en las calles de la capital antes de que fueran derribados o destruidos por la llamas. Hablamos de palacios como el de Medinaceli, Portugalete o Xifré. Este último al que se llegó a conocer como la «pequeña Alhambra».
«El tiempo hace y deshace… en tanto que la ciudad se ampliaba y nacían grandes hoteles, suntuosos teatros e innumerables edificios, ¡otros muchos llenos de empaque y tradición eran reducidos a escombros!», clamaba Figueroa. Pero se olvidaba de otras muchas joyas arquitectónicas desaparecidas en los últimos cuatro siglos que bien podían ser calificadas como las «siete maravillas del mundo» en Madrid. Fortificaciones asombrosas, castillos imponentes y torres gigantescas que los vecinos de la capital ni sus visitantes podrás ver jamás.
