Jing-Jin-Ji, la metrópolis del futuro
Con más de 1.400 millones de habitantes, el 60% de la población china vive ya en las ciudades. Toda una revolución social para un país, el más poblado del mundo, donde más de la mitad de sus habitantes vivía en el campo hasta 2011. Gracias al extraordinario crecimiento económico que ha traído la apertura al capitalismo iniciada hace ya cuatro décadas, China ha pasado de ser una sociedad eminentemente rural a una de carácter urbano, tendencia que no hará más que crecer en el futuro. Tiene 65 ciudades que rebasan el millón de habitantes y 360 con entre 100.000 y un millón, que crecen cada día por la llegada de campesinos que emigran de sus pueblos en busca de una vida mejor.
Tras el gigantesco municipio de Chongqing, que se sitúa al suroeste de China y donde viven 30 millones de personas, las urbes más pobladas son Shanghái y Pekín, con más de 20 millones de habitantes. Debido a la atracción migratoria que ejercen, las autoridades han puesto límites para que su población no siga subiendo. Mientras Shanghái no pasará de 25 millones de habitantes en 2035, Pekín «solo» tendrá 23 millones en 2020. Eso significa que la capital de China tendrá que echar a un buen número de sus residentes, como ya hizo el pasado noviembre con miles de emigrantes rurales que vivían en infraviviendas en sus suburbios.
Para reducir y distribuir la población de Pekín, las autoridades están trasladando sedes gubernamentales al suburbio de Tongzhou, al este, y tienen previsto construir una nueva capital administrativa y económica en Xiongan, a 100 km al suroeste. Además, Pekín se expandirá por una gigantesca zona metropolitana que llegará hasta la vecina ciudad costera de Tianjin, que suma una población de 14 millones de personas a 140 km de distancia, y a la provincia de alrededor, Hebei, que cuenta con una superficie de 187.700 km2 y 73 millones de habitantes.
Ciudades-dormitorio
En total, dicha megalópolis tendrá una población de más de cien millones de personas y ocupará 215.000 km, casi la mitad de España. Denominada Jing-Jin-Ji (por los caracteres finales en mandarín de Beijing y Tianjin, así como por el nombre tradicional de Hebei), dicha zona es un proyecto largamente acariciado por las autoridades chinas que el actual presidente, el ambicioso Xi Jinping, quiere impulsar como uno de los logros de su mandato.
El objetivo es descongestionar Pekín, reforzar su papel como capital del país y repartir sus servicios por las zonas limítrofes. Además, saldrán de la ciudad unas 1.200 empresas, entre ellas las más contaminantes y las que requieren mayor número de empleados, con el fin de reducir la polución y aligerar el tráfico. Como buena parte de los pequineses viven en ciudades-dormitorio a las afueras y tardan varias horas en llegar al trabajo cada día, el plan consiste en trasladar a dichas zonas servicios como mercados, hospitales y universidades. Para lograr su integración, todas estas áreas estarán comunicadas por redes de autopistas y trenes de alta velocidad como el que ya une, cada diez minutos, Pekín con Tianjin en apenas media hora.
Tráfico
«Los mayores problemas serán el tráfico, la contaminación y la coordinación de las industrias. Para solucionarlos, hay que planear el desarrollo de la ciudad a 30 o 40 años vista», explica a ABC Xia Haishan, director de Planeamiento y Diseño Urbano en la Universidad de Jiaotong, durante un coloquio sobre megaciudades en el Instituto Cervantes de Pekín. A su juicio, «los recursos están concentrados en la capital y hace falta una planificación para desarrollar ciudades vecinas».
Todos estas medidas pretenden luchar contra la bautizada como «enfermedad de la gran ciudad», o cúmulo de problemas por la superpoblación que hacen que las megalópolis chinas sean «invivibles»: tráfico congestionado a todas horas, contaminación tan espesa que eclipsa el sol tras una nube tóxica, transportes públicos abarrotados y escasez de servicios como la educación y la sanidad. A todo ello hay que añadir la carestía de vida por el crecimiento económico y un desarrollo cada vez más inhumano.
Ciudad de México, un caos por la falta de planificación
Ciudad de México es la megalópolis más poblada de América Latina. Con más de 20,1 millones de habitantes, es, junto a Nueva York, la ciudad con mayor número de personas desde Alaska hasta el punto más meridional de la Patagonia. Su elevada población combinada con la falta de planificación e ineficientes infraestructuras provocan que la capital de México sea un caos para el transporte diario y para el abastecimiento de agua en las áreas más deprimidas de la urbe provocando que la vida diaria de sus habitantes sea hostil.
El transporte público en la ciudad es insuficiente. La red de metro tiene una longitud de 226 km, mientras que la de Madrid alcanza los 294 km, a pesar de que la población de la capital de España es cuatro veces menor. Por ello, millones de defeños prefieren utilizar sus vehículos particulares para sus desplazamientos en busca de un transporte cómodo y seguro. Así, el número de vehículos matriculados ha pasado de tres millones a más de cinco millones en los últimos 25 años, lo que ha empeorado significativamente la calidad del aire en la ciudad y obligado a las autoridades a poner restricciones al tráfico en los días que hay una contaminación elevada.
Abastecimiento
México es una laguna. La megalópolis se asienta en el llamado Valle de México, un área rodeada de montañas que atrapan los 56,2 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) que cada día emiten los vehículos que transitan por sus calles. Junto al tráfico rodado y la polución, el abastecimiento de agua es un problema verdaderamente acuciante. De hecho, los vecinos de la colonia San Andrés Tomatlán, por ejemplo, han estado durante semanas sin suministro de agua potable. Según los datos del Inegi, el equivalente mexicano al INE, Ciudad de México tenía una población de 3,1 millones de habitantes en 1950. En 1995 eran 8,9 millones de personas, sin contar los más de 11 millones de habitantes que viven en los alrededores del antiguo distrito federal.
Al igual que ocurrió en España, millones de personas emigraron entre la década de los 50 y los 80 a las grandes ciudades en busca de oportunidades laborales. La capital aglutina casi un 20% de todo el PIB del país, una vibrante economía que atrae a millones de extranjeros que emigran de todas partes de América, Asia y Europa.