Historia del Toro Jubilo: de África a Medinaceli

Published 17/11/2019 in Cultura, Toros

Historia del Toro Jubilo: de África a Medinaceli
El Toro Jubilo de Medinaceli – Efe

La localidad celebró anoche una tradición que congregó a miles de personas

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El Toro Jubilo de Medinaceli, el único toro de fuego que se celebra en Castilla y León, ha encendido un año más la noche en la plaza Mayor de esta localidad soriana, en la celebración de uno de los rituales más ancestrales de la Península y para el que los animalistas reclaman su abolición.

El festejo, declarado por la Junta de Castilla y León en 2002 como espectáculo taurino tradicional, por existir constancia documental de su celebración desde el siglo XVI, ha sido seguido en una gélida noche por 3.000 personas, que han tenido que superar los controles de acceso que desde 2014 están en marcha para evitar el boicot de colectivos animalistas.

El Toro Jubilo de Medinaceli coincide siempre con el día anterior a la festividad religiosa en honor de San Arcadio, Eutiquiano, Pascasio, Paulino y Probo, mártires, cuyas reliquias, tal y como cuenta la tradición, fueron llevadas desde África a la villa medinense sobre un toro que portaba teas encendidas en sus cuernos.

Durante la celebración del rito del Toro Jubilo (término que proviene de sacrificio jubilar y jubileo o indulgencia, no de júbilo) el animal ha sido un año más atado a un madero y recubierto todo su cuerpo de barro arcilloso para evitar quemaduras.

En su cornamenta, los mozos medinenses han colocado un asta metálica (gamella o astilla), que lucía dos grandes bolas de pez, elaboradas con estopa, aguarrás y azufre, que han sido encendidas antes de liberar al toro, ya cerca de la medianoche, pasadas las once y media de la noche.

Media hora después se ha apagado la primera de sus bolas de fuego y a los cincuenta minutos la segunda, que ha dado por terminado el festejo, animado por la presencia de jóvenes recortadores.

Tras la suelta, el toro ha sido lidiado por los mozos más valientes hasta que el fuego se ha agotado y la oscuridad se ha hecho presente en la plaza.

Cinco hogueras, una por cada uno de los cinco Santos Mártires patronos de Medinaceli, han iluminado el interior del improvisado coso taurino de la plaza Mayor y han servido además como refugio para los participantes.

El alcalde de Medinaceli, Felipe Utrilla, ha señalado a Efe que el toro jubilo se mantendrá siempre que quieran los vecinos y ha defendido que la protección de la que goza en la actualidad es suficiente.

Los colectivos animalistas han recurrido las semanas previas a la celebración de este festejo a las redes sociales, para reclamar ayuda y conseguir su abolición, pero apenas se han personado en la plaza Mayor medinense, protegida por fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado.

La tradición del Toro Júbilo se remonta, según los estudiosos, a celebraciones que se vienen realizando en España desde hace más de dos milenios a raíz de la utilización de los toros con fuego en las guerras púnicas.

Diversos autores se han remontado incluso a épocas prerromanas en las que el toro era objeto de culto y participaba en diversos ritos de religiones autóctonas y sacrificios a sus respectivos dioses, de tal forma que los toros de fuego recordarían con sus cuernos ardiendo en medio de la noche la luminosidad del sol, así como la propia purificación mágica proveniente del fuego.

La antropóloga norteamericana Elizabeth Chesley Baity contrastó la semejanza etnográfica existente entre el Toro Jubilo de Medinaceli y diversos rituales similares de tribus ya desaparecidas en el norte de África y los que aún se daban en Grecia y la India.

También se ha hecho referencia para explicar la antigüedad de este festejo a un curioso suceso narrado por Tito Livio, que cuenta como Orisón, caudillo de los íberos oretanos, reunió un gran ejército y acudió a Helike (quizás Elche en Alicante o Elche de la Sierra en Albacete), sitiada por los cartagineses, empleando para la refrenda una manada de toros bravos que soltaría entre las tropas africanas con teas ardiendo en las astas, aterrorizando así a los elefantes cartagineses que acabarían dispersándose e incendiando el campamento enemigo.

El archivo de los Duques de Medinaceli constata la primera cita de este festejo nada menos que el 29 de septiembre de 1559, fecha en que fue testigo desde el balcón central del Palacio Ducal el Rey Felipe II y su tercera esposa Isabel de Valois.EFE

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