Espana

El cine en versión original, tabla de salvación de las salas del centro

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Varias personas compran una entrada en las taquillas del cine Palafox – JOSó‰ RAMó“N LADRA
Madrid

Si en 1968 había 160 locales, hoy solo quedan 31. Una sangría voraz que, sin embargo, ha hallado en las películas sin doblaje una llave frente al cierre

Las salas de cine del centro, ya tan míticas, cargan el honor de la veteranía en la resistencia a la desaparición del género, porque los cines vienen siendo devorados por las tiendas de ropa, o de móviles, desde hace unos años. Alguien dijo, tiempo atrás, con ironía poco venial, que un día iba a recordarse la Gran Vía como una calle que tuvo cines. Este momento no se ha cumplido violentamente, pero casi. Válganos el hecho de que en el año 1968 había en Madrid 160 cines. Hoy, cincuenta años después, ya sólo quedan 31. El dato es esclarecedor y es escalofriante, y es demoledor, lo que no quiere decir necesariamente que los cines vayan a desaparecer de la ciudad, de aquí a un par de Navidades, según pronostican los adivinos del más perverso pesimismo.

Ahí sobreviven aún el Cine Callao Digital 4K, en la plaza del Callao, y enfrente el Palacio de la Prensa, y un poco más allá el Cine Capitol. He aquí los pocos barcos salvados a un naufragio de época, que no cesa, unos pocos barcos de moqueta epocal y acomodador dominical donde se estrenan los taquillazos. Con ellos, el cine Acteón, que queda a cuatro esquinas, en la Plaza del Carmen, y poco más. Nada más. En estas salas no se proyectan las películas en versión original (V.O.), de momento, y son un número escaso, o escasísimo de salas, porque el resto de cines del centro sí ha acudido a la modalidad de ofrecer las películas en versión original, que es un modo de ofrecer buen cine en estado puro y, además, un modo inevitable de sobrevivir en unos tiempos en los que demasiada gente ve cine en casa, o bien a través de internet.

«La característica común que mantiene a los cines en el centro de Madrid es la posibilidad de ver películas en versión original. Ello no quiere decir que haya, necesariamente, una demanda mayor, pero detrás de este tipo de proyecciones sí existe un público muy fiel, personas que acuden a las salas al menos una vez por semana», explica Borja de Benito, director de comunicación de la Federación de Cines de España (FECE). Puesto que se pone difícil, o imposible, incluso, el alegrón de la recaudación, mejor mantener un público ceñido. El cine se ha convertido en un vicio o una pasión de ir poco al cine. Poco, o nada. El cine se va acercando a una costumbre en desuso.

Los Cines Princesa, en la Plaza de los Cubos, y los Cines Golem, y Renoir, vecinos de la calle Martín de los Heros, son tres monumentos a la longevidad del cine como escenario mítico, y remoto, y mágico, y ya casi en riesgo de extinción. En los tres se proyectan películas en versión original, desde hace años. En Martín de los Heros se cumple la calle primera del cine, porque el Golem, y el Renoir, son guaridas de cinéfilos, y porque enfrente está la librería Ocho y medio, que es una librería añeja de títulos de género, un edén para quienes entienden que el cine se ve, pero también se lee, o se escribe.

Salida a la crisis

Ahí mismo está el Paseo de la Fama de la ciudad, un paseo que se queda en paseo breve, porque tiene veintiséis estrellas, que vienen a ocupar un tramo de unos cien metros mal contados, a lo largo de las fachadas sucesivas de los citados Golem, y Renoir. Paseo breve, pero suficiente. Ahí tienen estrella José Luis Garci, Pilar Miró, Fernando Fernán Gómez, Sara Montiel, Luis García Berlanga, Alejandro Amenábar, o Paco Rabal, entre otros. Esta crisis del cine, como local, esta moda de la versión original, que se extiende a los cines Yelmo Ideal 3D, o a los Verdi HD, y a casi todos los otros, si no salimos del casco urbano. De los 20 cines que aún resisten a pie de calle, el 60 por ciento ya proyectan en versión original. Un total de 12, de los cuales ocho, ofrecen, bajo este modelo, toda su cartelera.

Por otro lado, el público que demanda cine más comercial se ha desplazado, paulatinamente, a los fines de semana y a los centros comerciales. Pero ello no tiene porqué ser sustitutivo. El director de comunicación de la FECE pone en duda la teoría de que la aparición de cines periféricos ha perjudicado a las salas históricas. «Lo que ha cambiado son los hábitos de consumo. Antes, la gente acudía al centro a pasar un día de ocio y ahora lo hace en centros comerciales», añade.

Rebajas de cine

En el centro, donde hubo un cine, hoy se aviva un supermercado, se perpetra una sala de juego o se inaugura una tienda de ropa. Ante el panorama más bien desalentador, no extraña que desde hace un par de años se venga promoviendo la Fiesta del Cine, un día de rebajas de taquilla que dura dos días. Así, un lunes, o un martes, sale domingo, pero domingo pleno de los de antes, cuando el gentío iba en multitud al cine. Este día de rebajas en las películas sí viene saliendo un taquillazo, aunque las palomitas queden al precio de siempre.

La Gran Vía fue la gran calle de los cines, aunque de las épocas doradas, no tan remotas, sólo le queda la copa luminosa de Callao, y alrededores, con el cine Capitol y el Palacio de la Prensa mirando de reojo sus respectivas carteleras. De momento, en versión no original. De momento. Un día fue la calle de los cines, con su cartelería pintada a brazo, y hoy es un zoco de última generación, con tribus del mundo yendo y viniendo, a comprar móviles de astronauta o calzoncillos de futbolista rebajados.

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