
Una máquina para cambiar pañales, los animales que hacen caca cúbica y las bacterias que hay en el dinero también fueron galardonados en la parodia de los Nobel
La temperatura de los testículos de los carteros, los animales que hacen caca cúbica, una máquina para cambiar pañales o las propiedades anticancerígenas de la pizza son algunas de las insólitas investigaciones que han sido galardonadas este viernes con el premio Ig Nobel en una ceremonia celebrada en la Universidad de Harvard en Cambridge (EE.UU.). Esta parodia de los Nobel premia cada año los estudios científicos más disparatados que «primero hacen reír y después hacen pensar». [Estos son los de Ig Nobel 2018].
En la edición número 29 de los galardones, la revista de humor científico «Annals of Improbable Research» (Anales de la Investigación Improbable) escogió diez meritorias investigaciones. El Ig Nobel de economía fue a parar al equipo compuesto por dos científicos holandeses y uno turco que han constatado algo que ya sospechábamos: el dinero es sucio. Han descubierto que el dinero en papel es una gran fuente de transmisión de bacterias. Cosa lógica si se tiene en cuenta que es algo que pasa de mano en mano, pero a lo que nadie hace ascos.
Uno de los hallazgos más celebrados, con gran motivo, fue el del científico italiano Silvano Gallus. Haciendo promoción de uno de los productos estrella de su patria, urge a la sociedad a consumir pizza por sus enormes beneficios para la salud. Dice que este plato es anticancerígeno. Por supuesto, le fue entregado el trofeo de medicina.
En esa aspiración por honrar los hallazgos de la vida diaria, el iraní Iman Farahbakhsh destacó en la categoría de ingeniería por inventar una máquina que cambia automáticamente los pañales. Fue patentada en los Estados Unidos en julio de 2018. Dios mío, ¿dónde la venden?
La saliva de un niño
Siguiendo con la infancia, cinco japoneses ganaron el Ig Nobel de química por su estudio sobre el volumen de saliva producida diariamente por un niño de cinco años, publicado en 1995. Uno de sus autores, Shigeru Watanabe, de la Universidad de Meikai, asistió a la ceremonia en Boston junto con sus hijos adultos, que participaron en el estudio hace 25 años.
Un equipo francés, que no pudo hacer el viaje, se mereció el premio de anatomía, por su trabajo sobre las asimetrías de la temperatura del escroto entre carteros vestidos y desnudos en Francia, publicado en 2007. Uno de los autores, Roger Mieusset, es un reconocido experto en medicina reproductiva de la Universidad de Toulouse, inventor de un «calzoncillo térmico» que se puede usar como anticonceptivo bajo ciertas condiciones.
Patricia Yang y David Hu, del Instituto de Tecnología de Georgia en Atlanta, celebraron su segundo Ig Nobel en la ceremonia. Los investigadores obtuvieron el primero en 2015 por descubrir la «ley de orinar», que establece que todos los mamíferos vacían sus vejigas en unos 21 segundos. Este año, se han llevado el premio de física por descubrir cómo los wombats, unos marsupiales gorditos de un metro de largo y patas cortas nativos de Australia, hacen caca cúbica, algo único en el mundo animal.
Cirujanos entrenados como perros
El premio de psicología ha ido a parar al alemán Fritz Strack, que descubrió que sostener un lápiz en la boca nos hace sonreír forzosamente, pero no nos vuelve más felices. Por su parte, el de educación médica ha ido a parar a dos científicas estadounidenses por utilizar una técnica de entrenamiento con animales para capacitar a los cirujanos a hacer cirugía ortopédica. Vamos, que los médicos se preparaban como si fueran perros. Y el de biología, a un equipo internacional por descubrir que las cucarachas magnetizadas muertas se comportan de manera diferente a las cucarachas magnetizadas vivas. (¿?)
En cuanto al galardón de la Paz, se lo llevó otro equipo internacional de siete investigadores, que publicaron en 2012 los resultados de un estudio para medir el placer de rascarse una picazón. Eso da mucha tranquilidad, sí.
«¡Para, estoy aburrida!»
Todos estos galardones fueron entregados en una gala gamberra en la que participaron premios Nobel de verdad. Como es tradicional, el público lanzó aviones de papel y un hombre, vestido con una falda escocesa, se subió al escenario para tocar la gaita.
Las reglas de la gala también fueron poco convencionales: los organizadores pusieron en práctica medidas extraordinarias para evitar que los galardonados excedieran el tiempo que se les había concedido para dar un discurso. Cuando los discursos se alargaban, una «dulce» niña de ocho años gritaba de manera un poco estridente: «¡Por favor, para, estoy aburrida!».
Al contrario que en los Nobel, los ganadores de estos premios no reciben dinero y pasan muy pronto al olvido sin influir en la ciencia. Eso sí, disfrutan de un buen rato y se llevan a su casa un diploma firmado por varios Nobel de verdad y, algo menos valioso pero mucho más práctico, un vaso de cartón con un cepillo de dientes.
