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В«Este libro es de mi madreВ», memoria heredada del corazón

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Erich Hackl, autor de В«Este libro es de mi madreВ» – Maya Balanya
LIBROS

En este volumen, a caballo entre el verso y la prosa poética, Erich Hackl reconstruye, a través de los recuerdos que le contó su madre -a quien rinde homenaje- su historia familiar

En la nota que acompaña a «Este libro es de mi madre», el escritor Erich Hackl (Steyr, Austria, 1954) explica cómo, hasta donde le alcanza la memoria, su madre siempre le hablaba del universo de su infancia y juventud en Mühlviertel, una región de colinas al norte del Danubio, cerca de la frontera checa. La memoria de su madre era tan prodigiosa que no solo se acordaba de su vida, sino de todos aquellos sucesos anteriores al año de su nacimiento que seguían estando presentes en la trayectoria de su familia y de los habitantes del pueblo. María, así se llamaba su madre, le contó, por ejemplo, su primer recuerdo: cómo su padre, el abuelo de Hackl, fue entregado a los seis años a una pariente viuda para que se hiciera cargo de su granja. Días después, su padre «huyó con alma que lleva el diablo / atravesando campos. / Sin mirar atrás. / En casa, el padre y la madre avergonzados. / Cincuenta fanegas de tierras, mucho bosque, / todo llano. / Pronto habrías sido un campesino con granja propia. / Ahora te tenemos otra vez».

En torno a una hoguera

En esta extraordinaria obra, a camino entre el verso y la prosa poética, Hackl lleva a cabo un ejercicio de reconstrucción de la memoria intrafamiliar, heredada, aquella memoria que pasa de padres a hijos a través de la voz, en las historias que se cuentan al anochecer las tardes del frío invierno en torno a una hoguera: «Cuando las mujeres dejaban el huso y la rueca. / Antes de encender la lámpara de petróleo. / Era el momento de contar historias. / Ese placer de escuchar, ese goce. / Las sombras dentro, tras la ventana la nieve». Pero este volumen es, sobre todo, un homenaje a su madre. Aquí Hackl funciona como un catalizador capaz de transformar las anécdotas oídas desde siempre en un libro así de hermoso, de una sutileza abrumadora.

No es la primera vez que el autor acude a la memoria de los testigos para rellenar los huecos que la historia ha dejado

Tras la muerte de quien le dio a luz, el escritor se propuso asegurarse ese mundo anterior, intentar percibirlo con la mirada, las palabras y el humor de su madre, como si la palabra de ella lo atravesara, por eso, este libro es de ella: «Siempre di demasiada / importancia / a lo que decían los demás. / Fue mi error / toda mi vida / ya desde entonces. / Si la gente se reía de alguien, / de inmediato me parecía raro. / Si lo encontraban feo, / no me gustaba. / Si se reían de él, / yo me apartaba. / Ese bizquea, / ese tiene chepa, / ese tiene bocio, / ese tiene la nariz torcida. / No bizqueaba, / no tenía chepa, / no tenía bocio, / no tenía la nariz torcida. / Pero yo, siempre preocupada / por lo que decían los demás».

«Si uno se interesa por algo con cierta pasión», dijo Hackl en una entrevista concedida a este mismo periódico, «automáticamente empieza a conocer historias que nadie ha contado antes- historias que uno siente que debe contar». No es la primera vez que el autor acude a la memoria de los testigos para rellenar los huecos y vacíos que la historia ha dejado. Su novela «El lado vacío del corazón» (Periférica, 2016), es la historia de Hanno Salzmann, un joven que sufrió acoso laboral y fue despedido por tener un abuelo militante comunista que fue perseguido por el nazismo y una abuela ejecutada en el campo de concentración de Ravensbrück. Hackl no inventa, investiga. El autor trabaja como detective aportando su propio estilo a la voz de aquellos que tienen historias que relatar, como el padre de Hanno Salzmann o su propia madre.

La memoria termina congelando aquellas instantáneas que más han tenido que ver en la formación de la identidad, en lo que somos. Así, María recuerda cómo leía, de pie o sentada, casi siempre entre otras tareas, y cómo, al hacerlo, movía los labios en silencio. Su marido refunfuñaba siempre que la veía leyendo porque «olfateaba el peligro en el papel impreso / y en la lectura una energía que se esfumaba». Por eso, donde más le gustaba leer era en la cocina, «allí estaba a salvo de mi padre, / rara vez en el retrete, por las moscas, / a veces los domingos en el banco de fuera, / cuando él se dormía sentado, /después de la comida, / con los ojos abiertos, como las liebres», certifica Hackl. Es curioso cómo Hackl hace una diferenciación entre las formas de narrar de su padre y de su madre. La de su padre era más explicativa, tomando en consideración el nivel de conocimiento de sus hijos, destacando los aspectos más cómicos. La manera en la que su madre le contaba las historias era inmediata, sin interpretación, abierta, sin buscar un final o enseñanza. Su madre le contó, por ejemplo, que la mayor desgracia para una mujer era quedarse embarazada de soltera, y que el reverendo Weidinger no respetaba el secreto de confesión y desde lo alto del púlpito «leía los nombres de las muchachas / que habían osado / quedarse embarazadas / sin el santo sacramento del matrimonio».

Correr en la oscuridad

En la memoria de su madre también existe lugar para evocar el primer desfile de nazis que vio en Viena – «con calcetines blancos»- o el miedo que pasó el día que los rusos entraron en su casa y encerraron a su madre en el dormitorio y a su padre y a ella en la cocina: «Antes de que pudieran arrancarme el camisón, él tiró la lámpara de petróleo de la mesa y yo corrí en la oscuridad hacia la puerta».

Hackl confiesa cómo al escribir este libro se le aclararon algunas cosas de la vida de su progenitora y de la suya. El conocimiento es tan fragmentario que depende en gran medida de los recuerdos e historias que conocemos a partir de las palabras de los familiares, aunque esa visión del pasado se encuentre ligada íntimamente a los afectos. Puede que la madre del autor austriaco nunca fuera consciente de la importancia que su hijo concedía a aquellas anécdotas, pero es gracias a aquellos momentos, escuchándola, que ha sido posible esta obra. Lo acontecido en nuestro pasado se reescribe tal y como lo ha hecho Erich Hackl: saliendo a buscar los recuerdos cuando aún siguen vivos.

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