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El metro, lleno en agosto: «Pensaba que habría menos gente, pero algunos no pueden ni entrar»

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Viajeros tratando de hacerse hueco en un vagón atestado de gente – JOSÉ RAMÓN LADRA

Los viajeros se quejan de la reducción de las frecuencias durante los meses de verano

@jdastisgarcia

Entre las decenas de personas que esperan al metro en el andén de la línea 3 en dirección a Villaverde, en la estación de Sol, son muchos los que aguardan impacientes junto al borde para tratar de subir los primeros. Saben que, de no hacerlo, podrían incluso quedarse fuera del vagón. Y con un tiempo de espera de entre 6 y 10 minutos en el sofocante calor de las tres de la tarde de un agosto en Madrid, la perspectiva agobia a cualquiera. «Pensé que por las vacaciones de verano habría menos gente, pero como el metro pasa menos, los vagones van llenos», comenta Mariana. «Ayer vi incluso gente que no podía ni entrar de lo lleno que estaba», asegura. Dice que al llegar a las estaciones de Cercanías la cosa se aligera un poco, pero en Sol, con toda la gente que sale de trabajar, «es una locura».

Ella, como muchos otros, tiene que coger el metro para ir a trabajar, y la reducción de frecuencias que algunos usuarios vienen criticando estos días en las redes sociales le afecta directamente. Lo cierto es que en verano, especialmente durante los meses de julio y agosto, la cantidad de viajeros que utilizan el suburbano desciende considerablemente (hasta un 40%), y la empresa reduce las frecuencias de los trenes «por una sencilla cuestión de adecuar la oferta a la demanda», según explican fuentes de Metro.

Falta de maquinistas

El Sindicato de Maquinistas, sin embargo, cree que el problema no está en la reducción de las frecuencias, sino en su incumplimiento por la falta de conductores. «Llevamos más de dos años avisando de lo mismo, vemos las quejas en Twitter, la gente se está hartando», explica su portavoz, Juan Ortiz. Muy críticos con la gestión del ente público durante la dirección de Borja Carabante (actual concejal de Medio Ambiente y Movilidad en el Ayuntamiento de Madrid), los maquinistas decidieron el pasado mes de junio dar fin a los paros que llevaban convocando desde finales de 2018 para «darle tiempo» al nuevo Gobierno regional (que se constituirá en breve) para formar las Consejerías. Llegado el momento, sus reivindicaciones serán las mismas: realizar un seguimiento de la salud de los conductores por el amianto y, sobre todo, la contratación de 350 nuevos maquinistas, que desde el colectivo ven indispensables para hacer frente al aumento en el número de viajeros. En este punto, Ortiz se muestra contundente: «Hace tres años (en 2016) había casi 2.000 maquinistas, y hoy apenas somos 1.500».

Las frecuencias se cumplen

Desde Metro de Madrid aseguran que las frecuencias estipuladas, por norma general, se cumplen, «aunque siempre puede haber alguna incidencia», explican. Además, recuerdan que la empresa ha acelerado la contratación de cien nuevos maquinistas, cuya incorporación estaba prevista para septiembre. De estos, 44 empezaron a trabajar el pasado viernes. Ortiz cree, sin embargo, que los números son insuficientes. Muchos maquinistas se están jubilando o pasando a diferentes categorías laborales, pero la cantidad de usuarios no deja de aumentar. Por eso han lanzado una recogida de firmas en la web change.org para que el precio del billete se vincule al cumplimiento de las frecuencias.

Mientras tanto, en redes sociales se suceden las imágenes de los vagones llenos (sobre todo a hora punta), tiempos de espera de hasta 12 minutos, y quejas por el calor, tanto en las estaciones como en los trenes. Lola, que lleva diez minutos esperando en la estación de Ciudad Universitaria, en el andén de la línea 6 en dirección a Moncloa, asegura estar convencida de que se trata de una «huelga encubierta». Dice que la situación, además, no es nueva. Desde antes de Navidades nota que cada vez los trenes van más llenos y tardan más en pasar. «Ahora es verdad que hay menos gente de lo habitual, pero es que también ha bajado un montón la frecuencia», afirma.

Rached y Asmaa utilizan el metro durante todo el año para ir y volver del trabajo, y les sorprende que en la propia página web de la empresa haya tan pocas quejas. «Ayer estuve 12 minutos esperando en la línea 3, que suelen pasar cada 4 ó 5 minutos», explica Asmaa. Ambos coinciden en que la situación ha empeorado muchísimo desde mediados de julio. «A los que tenemos que usar el metro para ir a trabajar nos supone un gasto de tiempo enorme», lamentan mientras tratan de encajarse en el vagón abarrotado.

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