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Uno de los atacantes del doctor Frade fue también juzgado por asesinar a un urólogo

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El doctor Frade, en abril pasado, a las puertas de su domicilio – JAIME GARCÍA
Sucesos

«Nosotros trabajamos por encargo», dijeron a la Policía «Juan el Barbó» y su compinche

Juan de Dios Rueda González, español de 64 años, está considerado por los investigadores el más peligroso de los atacantes del doctor Ignacio Frade, el suceso que ocupó titulares el pasado abril cuando entró, junto a su compinche, Juan José Mata Pina, de 70 años, en la casa y la clínica del cirujano plástico. Tras la detención de ambos, ABC desveló esta semana que Rueda González, apodado «Juan el Barbó», había sido condenado a 50 años de cárcel por matar a un hombre en el bar La Parada de Hortaleza y herir gravemente a otro a tiros.

En esa misma época, verano de 1991, este delincuente fue arrestado por su supuesta participación en la muerte del urólogo Eugenio Rivero, también en Madrid. Se le señaló como el sicario contratado por el cirujano Dionisio Ballesteros, jefe del equipo médico que trató al alcalde Enrique Tierno Galván. Por aquella conspiración para matar también se sentaron en el banquillo la pareja de «El Barbó», Pilar Sánchez (encubridora), y los hermanos Merinero. La trama se había montado en torno a los celos del doctor Ballesteros, que señalaba al urólogo como el amante de su mujer. Lo mataron de un tiro en la nuca.

La investigación de Homicidios (que duró nueve meses) y los informes iniciales de la Fiscalía eran demoledores- de hecho, llegaron a pisar la cárcel, de manera preventiva, tanto el denominado entonces inductor del crimen, como el pistolero y su novia. Sin embargo, en mayo de 1994, llegó la sorpresa: la acusación particular, ejercida por la familia de la víctima, retiraba los cargos contra los cinco reos, en plena vista oral. Y todos quedaron libres. Las especulaciones por el giro que tomó la situación, como resulta evidente, fueron de lo más variopintas. La explicación oficial fue la siguiente: «Creo que las posibilidades de éxito son muy pocas y ya no tengo elementos para continuar –argumentaba el abogado de la familia, Carlos Teixidor–. Al retirarse la acusación, no existe posibilidad alguna de seguir adelante». La Fiscalía, poco antes, también se había retirado del caso, al no hallar pruebas concluyentes.

Si «El Barbó» hubiese sido sentenciado culpable, se podría ironizar con que su «especialidad criminal» son los médicos. Un ginecólogo y, 25 años después, un cirujano estético, el doctor Frade. Sobre su implicación en este suceso, tanto «El Barbó» (que residía en San Martín de la Vega pero fue detenido en San Blas) como su consorte, Mata Pina, que vivía en Torremolinos (Málaga), demostraron que son perros viejos. Se negaron a declarar ante la Policía. Se limitaron a pedir un abogado y a espetar: «Nosotros trabajamos por encargo». Ya están en prisión.

Pero los investigadores tienen clarísimo que fueron los autores materiales del asalto al médico. Este y la otra víctima del suceso, su asistenta, los han señalado sin género de dudas en un reconocimiento fotográfico. La autoría intelectual, sin embargo, será muy complicada de probar, aunque el propio Frade señala a dos de sus exparejas y el móvil económico.

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