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Rescatar las ciudades

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Ferreiro, Noriega y Suárez, el pasado julio en Santiago – MUó‘IZ
TRIBUNA

¿No ve el PSOE que su principal amenaza está en su mismo espacio ideológico, en la izquierda, y no en su histórico antagonista? Solo tiene dos caminos: o dejar gobernar a los alcaldes a los que aupó, o plantear una alternativa hasta las municipales

La pérdida de la moción de confianza planteada por Xulio Ferreiro en La Coruña como órdago para sacar adelante sus cuentas municipales de este año le brinda al bipartidismo la primera oportunidad clara para desalojar al populismo de una alcaldía coruñesa. Es improbable que suceda, porque PP y PSOE han apostado todo a las próximas elecciones municipales, pero no sin antes incurrir en un ejercicio de hipocresía política sin precedentes.

Porque si el de Ferreiro y sus dos compañeros de Ferrol y Compostela son gobiernos tan nefastos como PSOE y PP aseguran en sus constantes valoraciones, ¿van a consentir que sus respectivas ciudades sufran esa teórica administración perniciosa? ¿Es más importante dejar que el pueblo se quite la venda de sus propios errores antes que evitar un mandato perdido para estas tres capitales?

Hasta ahora, la oposición de la derecha ha consistido, eminentemente, en oponerse por sistema a cuanto emanaba de los «alcaldes del cambio», en ocasiones al son que ha marcado una determinada prensa local. No a todo, todo muy mal, alcalde dimisión. Por su parte el PSOE, abrumado por sus propios complejos y desnortado ante la falta de liderazgos a todos los niveles —gestora gallega desautorizada, candidato a la Xunta de perfil, Ferraz a lo suyo—, se ha instalado en un sí pero no, en una crítica ladradora pero muy poco mordedora.

Mientras tanto, los tres alcaldes cumplen día en sus despachos viendo pasar hojas del calendario, sin aparente desgaste —véanse algunas encuestas recientes—, aprovechando el bloqueo al que les somete la torpe oposición para apropiarse del papel de víctimas, de prometedores gobernantes que quisieran hacer pero son maniatados por sus rivales políticos. Y el discurso tiene parte de razón y, lo que es peor, efectividad.

Castigo por la censura

El PP, por su parte, se aferra al manual no escrito de que un partido que arrebata una alcaldía a mitad de mandato mediante una moción de censura acaba siendo percibido por la ciudadanía como un usurpador que viola las reglas del juego. Y que, en consecuencia, es castigado en la siguiente convocatoria electoral. Pero hay otra percepción que los vecinos no perdonan, y es la soberbia de que la oposición se instale cómodamente en la crítica, esperando a la llegada de las elecciones para ver si recupera el poder. Sobre todo porque el vaticinado desplome del populismo no se está produciendo, y el PP puede ver que más allá de los suyos, no consigue convencer a nadie más. Aceptando un posible desgaste si desbanca a los tres «alcaldes del cambio», ¿no tendría a cambio una recompensa electoral si consigue cerrar con un socio como el PSOE un programa de mínimos con el que llegar a las municipales garantizando la estabilidad y la gobernabilidad de la ciudad?

Evidentemente, para cuadrar el círculo se necesita la complicidad del PSdeG, que en estos momentos no sabe cuál debe ser su comportamiento con los populismos, porque está inmerso en intereses cruzados: enfadarlos en las ciudades puede poner en peligro acuerdos en la Diputación de La Coruña (como si el PP no estuviera dispuesto a ejercer de auxilio necesario en esta institución).

Los socialistas siguen viendo en el PP su mayor enemigo político, y creen que su base electoral no perdonaría un acuerdo con la derecha. Pero ¿le quedará base alguna al PSOE si las Mareas le siguen hurtando votos por la izquierda y el propio PP lo hace por el centro? ¿No ve el PSOE que su principal amenaza está en su mismo espacio ideológico, en la izquierda, y no en su histórico antagonista? A la vista está que no. Solo tiene dos caminos: o dejar gobernar a los alcaldes a los que aupó, o plantear una alternativa hasta las municipales.

Así que tenemos a un Partido Socialista peleado por su izquierda, con un populismo que lo desprecia e insulta en plaza pública —La Coruña y Ferrol son claros ejemplos—, pero ante el que sigue agachando la cabeza y exhibiendo una dócil voluntad de diálogo, que rara vez concluye en nada, y cuyos réditos son en todo caso cobrados por el regidor de turno, que para eso gobierna y ejecuta las políticas. Y aun apaleado, el socialismo pone la otra mejilla una y otra vez. No aprende.

¿Qué busca el PSOE de cara a las próximas municipales? ¿Ser llave de gobierno para alcaldes populistas? ¿Es esa la aspiración del partido que gobernó Santiago, La Coruña y Ferrol durante varias legislaturas? Si esta es la actitud, los resultados no podrán ser más nefastos. Y tendrán una consecuencia clara: el ocaso del PSOE coruñés frente a un creciente socialismo pontevedrés, con Abel Caballero al frente. Y a ver quién le discute.

Rescatar las ciudades

Populares y socialistas están obligados a entenderse. Aun con diferencias ideológicas de calado, tienen más puntos en común a la hora de entender la gestión y los proyectos para las ciudades que los que existen entre el PSOE y las Mareas. Solo el sectarismo del centro-izquierda gallego impide ver esta realidad, que es la que facilitó la abstención para la investidura de Mariano Rajoy. ¿Es el PSOE muleta del PP en el Gobierno de España? No, y sin embargo desde la oposición está consiguiendo mover al hasta ahora inmovilista Ejecutivo en materias como las reválidas de la Lomce, el salario mínimo, la pobreza energética o el techo de déficit. Y las que vendrán.

Rescatar las tres ciudades de La Coruña sería un acto de coherencia para el eje bipartidista, porque pasarían de las estériles palabras a los hechos. Cuestión distinta es que el PP no quiera dar ese paso porque en Ferrol y La Coruña no tiene personas con el perfil adecuado, y situar un alcalde para luego cambiarlo por otro candidato es un gesto de difícil justificación. Pero tenemos que aclararnos: ¿qué es más importante, la conveniencia partidaria o la de los ciudadanos? El partido que se llama a sí mismo «la alternativa» al populismo se equivoca si decide quedarse de brazos cruzados. Resta más de media legislatura municipal por delante. PSOE y PP deben decidir si continúan predicando o dan el paso para dar trigo. La sociedad gallega está esperando.

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