Ciencia

Las polillas caníbales ayudan a los científicos a entender cómo evoluciona el egoísmo extremo

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¿Cómo ha evolucionado el comportamiento egoísta a lo largo de la historia humana? Para dar respuesta a esta pregunta, un equipo de científicos de EE UU ha estud

¿Cómo ha evolucionado el comportamiento egoísta a lo largo de la historia humana? Para dar respuesta a esta pregunta, un equipo de científicos de EE UU ha estudiado uno de los caníbales más prolíficos de la naturaleza: la polilla India de la harina (Plodia interpunctella).

Como larvas, son orugas vegetarianas con una excepción: a veces se comen entre sí, incluidos sus propios compañeros de cría. Una nueva investigación, publicada en Ecology Letters, sugiere ahora que este brutal comportamiento de supervivencia no es inherente a esta especie.

En este estudio basado en un experimento microevolutivo, los investigadores descubrieron que el comportamiento menos egoísta evolucionó bajo condiciones de vida que obligaron a los individuos a interactuar con más frecuencia con sus hermanos.

Mediante pruebas en laboratorio, los científicos demostraron que podían aumentar o disminuir predeciblemente las tasas de canibalismo en las polillas de la harina al disminuir la distancia entre los individuos y, por lo tanto, aumentar la probabilidad de interacciones «locales» entre las larvas hermanas.

En los hábitats donde las orugas se vieron obligadas a interactuar más a menudo con sus hermanos, se desarrolló un comportamiento menos egoísta en 10 generaciones.

Según ha señalado el biólogo de la Universidad de Rice, Volker Rudolf, este principio evolutivo podría aplicarse para estudiar cualquier especie, incluidos los humanos.

«En sociedades o culturas que viven en grandes grupos familiares con parientes cercanos, por ejemplo, se espera ver un comportamiento menos egoísta, en promedio, que en sociedades o culturas donde las personas están más aisladas de sus familias y probablemente rodeadas de extraños porque tienen que mudarse a menudo por trabajo u otras razones», ha explicado Rudolf en un comunicado.

Rudolf, que ha estudiado los impactos ecológicos y evolutivos del canibalismo durante casi 20 años, ha indicado que este «fenómeno de la naturaleza» se ha documentado ya en más de 1.000 especies y se cree que ocurre en muchas más.

«Está en todas partes. La mayoría de los animales que se alimentan de otros animales son caníbales hasta cierto punto, e incluso aquellos que normalmente no comen otros animales, como la polilla india de la harina, a menudo son caníbales», ha asegurado Rudolf.

En este sentido, sostiene que «no hay ninguna moral que se le atribuya. Esa es solo una perspectiva humana. En la naturaleza, el canibalismo es simplemente conseguir otra comida».

Si bien el estudio de la polilla ha mostrado que «limitar la dispersión» al aumentar las interacciones locales puede oponerse a la evolución del canibalismo al aumentar el costo del egoísmo extremo, Rudolf defiende que el impulso evolutivo probablemente también puede ir en sentido contrario. «Si las condiciones alimentarias son malas, el canibalismo proporciona beneficios adicionales, lo que podría impulsar un comportamiento más egoísta«, comenta.

A todo ello se le une un tercer factor, el reconocimiento de los familiares, también puede proporcionar un impulso evolutivo.

Por este motivo, Rudolf se plantea explorar en estudios futuros la interacción entre canibalismo, dispersión y reconocimiento de parentesco. «Sería bueno tener una mejor comprensión de las fuerzas que lo impulsan y poder explicar más la variación que vemos», ha dicho. «Como, ¿por qué algunas especies son extremadamente caníbales? E incluso dentro de la misma especie, ¿por qué algunas poblaciones son mucho más caníbales que otras? No creo que vaya a haber una única respuesta», ha concluido.

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