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La banca española pide un respiro pero rechaza la desregulación total que propone Donald Trump

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Una enorme máscara de Donald Trump protagonizó ayer el Carnaval de Toscana, en Italia. – AFP
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Alemania teme que la reforma bancaria norteamericana deje en desventaja al sector financiero europeo

Donald Trump ha dado los primeros pasos para desmontar la reforma financiera con la que Barack Obama trató de acabar con la descontrolada desregulación bancaria que originó la brutal recesión de 2007. El nuevo presidente de Estados Unidos ha firmado ya dos decretos en los que insta a revisar la ley Dodd-Frank, que se enmarca en el nuevo orden global de regulación bancaria diseñado por las autoridades internacionales para mitigar futuras crisis financieras. Por eso la iniciativa ha generado preocupación en Europa. La banca española, aunque es partidaria de cierto respiro y hacer balance de las reformas hechas, rechaza una desregulación total como hacia la que apunta Trump.

El derrumbe global de la banca obligó al G-20 a alumbrar un nuevo sistema financiero más regulado. El Comité de Basilea, que agrupa a las autoridades mundiales de supervisión financiera, dio lugar a una nueva normativa –Basilea III– que a muy grandes rasgos se centró en reforzar la solvencia del sistema, al exigir mayores ratios de capital a las entidades financieras- mitigar los riesgos, al forzar la clara división entre banca de inversión y la comercial, y reducir el coste para los contribuyentes de futuras crisis.

«Tras la crisis se pidió una fuerte regulación, tenía todo el sentido. Hubo mucha y no siempre bien ordenada, y estamos en un momento en que todos los organismos están terminando de diseñarla. Me parece muy bien hacer una reflexión sobre eso, pero es algo muy diferente de lo que propone Trump. Deshacer todo no es lo adecuado», dijo la semana pasada el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri.

Es el sentir mayoritario: el sector rechaza la desregulación total, pues la reforma global ha obligado a un necesario refuerzo de la solvencia y liquidez del sistema y ha mejorado la confianza de los mercados. Eso sí, ven con buenos ojos una pausa para ver qué se ha hecho, qué efectos ha tenido y si hay que corregir algo. «Es momento de parar para ver dónde estamos», dice el portavoz de la patronal AEB, José Luis Martínez Campuzano, rechazando referirse a Trump por no estar claro lo que plantea.

Riesgo de desamornización

«Se mira a EE.UU. aunque el debate ya comenzó meses atrás en Europa al advertir muchos expertos, algunos del BCE, sobre la complejidad de las medidas tomadas hasta el momento y del riesgo que suponía para la estabilidad del sector y la financiación de la economía», apunta. «Pero la pausa en la regulación de solvencia no significa una pausa en regulación», aclara.

Lo que más temor despierta es que Trump actúe por libre y se reviertan los avances logrados en la homogeneización global de la regulación. «Tanto el colchón de capital contracíclico como los de liquidez recientemente establecidos por Basilea pueden desempeñar un papel muy importante, aunque, para ello, es importante que las normas de reciprocidad entre países se apliquen», deslizaban el pasado jueves analistas del Banco de España en un artículo. «Las firmas financieras europeas pueden convertirse en irrelevantes», diagnostica el analista de Bloomberg Mark Gilbert.

Lo que Trump ha hecho es cursar una orden al secretario del Tesoro y otras agencias reguladoras para que preparen una revisión de la ley Dodd-Frank. Además ha enviado un memorándum instruyendo al secretario de Trabajo para que elimine la «regla fiduciaria», cuya entrada en vigor estaba programada para abril próximo y que exige que los asesores financieros coloquen los intereses de sus clientes por encima de las comisiones. Ambas medidas fueron anunciadas en una reunión de Trump con los ejecutivos de gigantescas instituciones financieras estadounidenses, y la persona encargada de su ejecución será el nuevo jefe del Consejo Económico Nacional, Gary Cohn, expresidente de Goldman Sachs.

Un vez entren en vigor esas reformas, los bancos estadounidenses tendrán que apartar menos capital que los europeos. «Lo que está en juego es la estabilidad del sistema financiero internacional», previene el presidente de la Federación de Bancos Alemanes, Michael Kemmer, «porque hoy en día esa estabilidad depende de una regulación coordinada a nivel internacional». Kemmer pide tiempo para ver la profundidad de esas reformas, pero advierte que «dependiendo de hasta dónde lleguen esas correcciones el problema será mayor y las distorsiones trasatlánticas perjudicarán especialmente a los bancos europeos».

Desequilibrios

La desigualdad de condiciones en la que quedarán las firmas europeas frente a las estadounidenses ampliará la brecha entre unas y otras. «Con una revisión crítica de ciertas partes de la norma podríamos seguir hablando», admite Kemmer, «pero su eliminación supondría tirarlo todo por la borda».

El profesor Ansgar Belke, del Instituto de Estudios Económicos de la Universidad Duisburg-Essen, considera que esa guerra ya está en marcha y que su objetivo es librar una guerra de divisas con el objetivo claro de debilitar a Europa. Belke recuerda que «hasta ahora EE.UU. ha apoyado al BCE para estabilizar a los bancos y alcanzar el objetivo de inflación, pero si suspende esas ayudas, disminuirá la liquidez en la Eurozona y subirá el euro».

El Gobierno alemán es consciente de este peligro. Aparentemente, a Europa le queda la baza de desregular también su sector financiero, pero esa baza es «ilusoria», según fuentes cercanas al Ejecutivo de Berlín, que tienen en cuenta que la banca cometió excesos antes de la crisis porque la sociedad civil estaba desprevenida. «Ahora ya no es así», señalan, advirtiendo cómo la indignación de los contribuyentes por los rescates de entidades se ha articulado en Europa en movimientos políticos populistas que no permitirán que se relaje la vigilancia sobre la banca.

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