Economia

Caixabank se hace con el 84,5% del portugués BPI

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Fernando Ulrich, Artur Santos Silva, Gonzalo Gortázar, y Pablo Forero – ABC
Economía

La entidad catalana, que poseía hasta ahora el 45,5%, desembolsa 644,5 millones de euros para cerrar la operación

El largo proceso de la OPA de Caixabank sobre el Banco Portugués de Inversiones (BPI) concluye con un amplio incremento del porcentaje que controla. La entidad catalana, que detentaba el 45,5% de las acciones, pasa a hacerse cargo del 84,5% de la firma lusa liderada por Fernando Ulrich.

El movimiento se fraguó en una sesión especial de la Bolsa de Lisboa, donde Barcelona se hizo con un 39% del paquete adicional.

La operación ha supuesto el desembolso global de 644,5 millones de euros, con los que ha sido posible apropiarse de 568 millones de acciones, ya que salían al precio de 1,134 euros por título, de acuerdo con la estipulación aprobada por las autoridades del país vecino.

Como el tope que se adjudicaba representaba el 54,5%, el resultado final quiere decir que el 15,49% del capital permanece en manos de otros accionistas.

Toda vez que el límite del derecho a voto en el Consejo de Administración ya se había superado hace unos meses, Caixabank tiene manos libres de forma definitiva. Y es que anteriormente se daba de bruces con el 20% como máximo, una acotación que la millonaria angolana Isabel dos Santos (poseedora del 18,6 del BPI) se negó a eliminar durante un año y medio.

El respaldo de Bruselas ha sido fundamental para que se pudiera avanzar en esta iniciativa. Como telón de fondo, la Unión Europea apostó claramente por dejar atrás el emergente protagonismo de las inversiones procedentes de la ex colonia portuguesa, en vista de que su volatilidad significa un alto riesgo para cualquier país de la UE.

El camino para dar por cerrada la OPA inició su andadura formal el pasado 18 de abril de 2016, fecha en que Barcelona presentó su oferta de forma voluntaria. Cuando pudo desbloquearse el tope del 20% en el Consejo de Administración, entonces la OPA pasó a ser obligatoria, lo cual aconteció en el mes de septiembre.

Se terminó, por tanto, la pesadilla portuguesa para Caixabank, pues se han abierto definitivamente las puertas de un negocio largamente ansiado, que sólo pudo concretarse cuando la hija del presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, se avino a negociar su abstención.

El desblindaje de los estatutos se había convertido casi en una cuestión de Estado en Portugal. La clave estuvo en la oferta lanzada por el propio BPI, que vendió su 2% en el Banco de Fomento de Angola a Unitel, propiedad de Isabel dos Santos.

Pactos agónicos

A cambio, los portugueses recibieron 28 millones de euros y, sobre todo, la recompensa de que la aguerrida empresaria aceptaba desbloquear el callejón sin salida en el que parecía encallar la operación antes del verano.

El pacto resultó ser algo agónico, en vista de que fueron necesarias tres asambleas (la última en Oporto) para que la difícil situación llegase a buen puerto.

La OPA inicial de hace casi dos años había sido valorada en un millón de euros, pero descendió en 2016 porque las acciones del BPI han perdido vigor, tal como ha venido sucediendo con otros bancos europeos.

Lo que está claro es que Isabel dos Santos no iba a agachar la cabeza en ningún momento y, de hecho, se afanó en negociar compensaciones de tú a tú con el Gobierno socialista de António Costa.

Tanto es así que las crónicas locales retrataban a la empresaria de ‘alto standing’ al lado del primer ministro, en un movimiento que se interpretaba en Lisboa como un intento de buscar contrapartidas de las que pudiera beneficiarse la ex colonia portuguesa, especialmente frente a las sucesivas iniciativas que se aprobarían después en relación al Banco Comercial Portugués (BCP).

La amenaza del BCE

Sin lugar a dudas, resultó determinante la visita del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, pues él terminó por desbloquear un proceso que se ha caracterizado por ser muy engorroso.

El grupo Santoro, controlado por Isabel dos Santos, llegó a recomprar su parte al Banco de Fomento de Angola, supuestamente público pero también bajo la influencia de la todopoderosa empresaria. El gran problema de fondo era la caída de los precios del petróleo, principal fuente de ingresos del país africano.

Sólo cuando la amenaza del BCE se ha concretado en tiempo y dinero pudo de verdad cerrarse un pacto que disparaba las opciones de CaixaBank para el siguiente negocio a la vista en Portugal: la venta de Novo Banco.

En teoría, esta última operación se dará por concluida en las próximas semanas, con la elección del Banco de Portugal ya sobre la mesa: el fondo norteamericano Lone Star. Pero hay quien atisba nuevas posibilidades después de que Caixabank haya estrechado su cerco a BPI.

En cualquier caso, la ‘españolización’ de la banca al otro lado de la frontera continúa despertando ciertos recelos. Curiosamente, la percepción no es la misma tratándose del contrapeso de Angola, pues se halla dentro de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, muy valorada en tierras lusas.

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