Trump tira la primera piedra de una guerra comercial global

Publicado 12/03/2018 in Economia

Trump tira la primera piedra de una guerra comercial global
El acero y sus aranceles pueden ser el gérmen de una guerra comercial global – REUTERS

Los aranceles que EE.UU impondrá al acero y al aluminio importados amenazan con desatar un «conflicto de trincheras» de consecuencias imprevisibles para la economía mundial

Algunos expertos ya advirtieron que el «America first» que protagonizó la campaña electoral de Donald Trump traería nefastas consecuencias, y la premonición se ha cumplido. Trump firmó en la madrugada del viernes la imposición de aranceles a la importación de acero y de aluminio de un 25% y un 10% respectivamente para proteger la producción de su país y, de paso, intentar equilibrar la balanza comercial de su país, en serio déficit y creciendo, ya que en enero aumentó un 5% hasta alcanzar los 56.600 millones de dólares, la cota más alta en casi diez años. Quedan exentos de esta medida Canadá y México, aunque dejó abierta la posibilidad de que otros aliados queden excluidos también en una medida que entrará en vigor en 15 días.

La decisión proteccionista cayó como un jarro de agua fría en los principales bloques económicos y países del mundo, como la Unión Europea o China, entre muchos otros, y desde las principales capitales se han anunciado contundentes medidas de respuesta pero, claro, la cuestión es que no se puede responder con las mismas medidas proteccionistas de «ojo por ojo», en este caso en la versión «arancel por arancel», ya que iría contra las normas de la Organización Mundial el Comercio (OMC), de la que todos los países mencionados son, de momento, miembros.

Entre las consecuencias inmediatas de estos aranceles estaría un alza de precios en los diferentes sectores afectados y, por ende, una bajada del consumo en Estados Unidos y una pérdida de confianza en la marcha de la economía, y no hay que perder de vista que el consumo es una pieza clave en el crecimiento económico del país.

Pero ningún argumento económico parece entrar en la cabeza de Trump, que tuiteó hace unos días que «debemos proteger nuestro país y nuestros trabajadores». El Fondo Monetario Internacional fue uno de los primeros en advertir que «los nuevos aranceles provocarían daños económicos fuera de Estados Unidos pero también dentro, sobre todo a las fábricas y la construcción, que son usuarios intensivos de acero y aluminio».

Y, como era de esperar en este caso también nunca llueve a gusto de todos, ya que las federaciones agrícolas de Estados Unidos ya han dado la voz de alarma de que sus productos podrían ser los más perjudicados por los aranceles que podrían ponerles a la llegada a algunos países de destino, como China o la Unión Europea.

En este asunto hay que hacer un poco de historia y Trump no ha sido el primer líder de la primera potencia mundial que ha tenido tentaciones proteccionistas. En 2002 el presidente George Bush impuso una serie de aranceles al acero importado que estuvieron vigentes 18 meses y que provocaron la destrucción de 200.000 empleos en Estados Unidos derivados de la caída del consumo por el alza de precios, según un estudio de Oxford Economics.

Precedentes

Estos aranceles no son la primera medida que toma en esta materia ya que en enero de 2017, poco después de tomar posesión, firmó un decreto por el que retiraba a su país del Tratado de Libre Comercio del Transpacífico (TPP), aunque en los últimos meses ha dicho que podía volver al Tratado en caso de que se negociara uno nuevo en otros términos.

Algunos analistas han dudado en los últimos días que Trump fuera en serio pero ha habido un hecho que reavivó, y con razón, los temores. Gary Cohn, consejero económico principal de Trump, dimitió el martes por su total desacuerdo con la medida. Las principales Bolsas reaccionaron ese mismo día con bajadas, en una clara demostración de que el asunto es serio. Y Trump de nuevo insistió en minimizar el asunto: «Nominaré muy pronto otro consejero económico. Hay mucha gente que quiere el puesto».

¿Y que pasa con las importantes relaciones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea? Pues Trump está quejoso. «La Unión Europea no nos ha tratado bien, es una situación comercial muy injusta», aseguraba el líder americano esta semana.

Y, mientras tanto, desde la Comisión Europea se estudian las posibilidades que habría de establecer unos aranceles equiparables, aunque sobre otros productos, entre los que podrían estar algunos tan emblemáticos como las motos Harley-Davidson, el Bourbon o los vaqueros Levi’s. El plan inicial es imponer un 25% de arancel a una serie de productos valorados en 2.800 millones de euros. La CE cree que estos aranceles serían compatibles con las reglas de la OMC, al tiempo que ha cuantificado que el 25% de arancel al acero anunciado por Trump tendría un enorme coste sobre los 5.000 millones de euros que vale la exportación anual de acero a ese país, y los 1.000 millones en el caso del aluminio. Aunque en Bruselas se siguen haciendo llamamientos al diálogo.

Pero la guerra podría no circunscribirse al acero y al aluminio ya que Trump advirtió también que estudiaría la posible imposición de un arancel a los coches fabricados en Europea que entren en Estados Unidos, extremo que aún no se ha confirmado.

Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, aseguró rotunda el miécoles que «en las guerras comerciales nadie gana, hay perdedores en los dos bandos». Desde China, uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos, se ha apresurado a alertar a la Organización Mundial del Comercio sobre la amenaza, al tiempo que se han anunciado también posibles represalias.

En Ginebra, donde está la sede de la OMC, hay pánico a que una vez que se abra la caja de Pandora del proteccionismo no sean capaces de cerrarla.

La realidad es que este conflicto puede tener un impacto muy serio en la marcha de la economía mundial ya que, a más comercio más crecimiento económico y más empleo. No hay que olvidar que Estados Unidos fue en 2016 el principal importador mundial con una cuota del 18% del total y el tercer mayor exportador de productos con un porcentaje del total del 12%.

Y, respecto a la Unión Europea la situación puede llegar a ser muy complicada ya que es el mayor socio comercial en materia de exportaciones y el segundo en cuanto a importaciones, lo que se ha traducido en un superávit comercial a favor de la Unión Europea de 122.000 millones de euros en 2015, cantidad que bajó ligeramente hasta los 113.000 millones en el año siguiente. ¿Y cuáles son los productos que se intercambian? Pues fundamentalmente productos fabricados.

En cuanto a países con mayor relación comercial con Estados Unidos destaca, como es lógico, Reino Unido con quien tiene una relación privilegiada y es el principal importador de productos por importe de 54.000 millones de euros en 2016. En cuanto a los mayores exportadores europeos de productos a Estados Unidos Alemania figura en primer lugar, con un montante de 107.000 millones de euros de valor de mercancías, sobre todo maquinaria y coches, lo que motivó que Alemania tomara en cierto modo las riendas del asunto y enviara rápidamente a Washington a su especialista, Juergen Hardt, que volvió con las manos vacías, toda unas premonición.

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