París saca su artillería pesada para competir con Londres por el «trono de la moda»

Publicado 11/03/2018 in Estilo, moda

París saca su artillería pesada para competir con Londres por el «trono de la moda»
Un momento del desfile de Chanel en la Semana de la Moda de París – REUTERS

Macron brinda un gran apoyo a los diseñadores para contrarrestar el efecto de la monarquía británica en el front row

Emmanuel Macron sorprendía al mundo de la moda esta semana organizando una cena con más de un centenar de creadores de todo el mundo en el Palacio del Elíseo. La alcaldesa, Anne Hidalgo, accedía a alojar en las dependencias del Ayuntamiento de París el desfile de una modista andaluza, Juana Martín, que homenajeaba a Camarón de la Isla. Y Chanel cerró la semana con un Rien ne va plus!, un sofisticado desfile dentro del Grand Palais que replicaba las calles en otoño. París ha sacado sus grandes galas para mantener el prestigio de la semana londinense a raya.

Ni Stella McCartney, ni Pierpaolo Piccioli de Valentino, ni Giambattista Valli, ni Maria Grazia Chiuri de Dior, ni Bertrand Guyon de Schiaparelli, ni Alber Elbaz, Andrew Gn, Christian Louboutin, Olivier Rusteing, Clare Waight Keller o Joseph Altuzarra pudieron evitar sucumbir a los encantos de Emmanuel Macron y su esposa Brigitte, que acogieron a un importantísimo grupo de creadores en el Elíseo, en lo que consistió una brillante iniciativa para atraer mentes creadoras.

Un sencillo bufet y bebidas exquisitas a granel fueron el apoyo logístico de una cena en la que la primera dama francesa no escatimó en saludos y bienvenidas, circulando por los salones para compartir conversación con casi todos los presentes. La foto del grupo, impresionante y representativa, dejó atrás a las pequeñas incursiones y sesgadas imágenes de Catalina de Cambridge y Sofía de Wessex con un grupo de profesionales de la moda una semana antes en el Palacio de Buckingham.

Macron promete un paraíso para los modistos con iniciativas desconocidas por el momento pero que a buen seguro serán tangibles. No se trata pues de un simple golpe de efecto para sobresalir a codazos entre Milán y Londres, sino de un verdadero despliegue ideado por un presidente que desea recuperar para Francia la supremacía -nunca perdida por otro lado- en el mundo empresarial de la moda.

En Francia, casi 600.000 empleos dependen directamente de la moda, sin contar todos los que indirectamente están relacionados con ella, que son doblemente numerosos. Y el estilo joven y optimista de Macron ha sido en parte el causante de la vuelta de algunos desfiles importantes a la Ciudad de la luz. Brigitte Macron aseguró estar complacida de que en cada una de sus apariciones públicas se incluyese la marca francesa que porta. «Estamos reinventando nuestro país y necesitamos que nos ayudéis a transformarlo: aquellos que buscáis e inventáis la belleza, debéis venir a Francia porque esa es la vocación de nuestra ciudad y nuestro país», dijo Macron.

El Ayuntamiento de París, liderado por Anne Hidalgo, nacida en San Fernando (Cádiz), tampoco dejó de apoyar iniciativas artísticas de varios países, aceptando con simpatía el desfile de la colección de Juana Martín en uno de sus salones principales, donde se homenajeó a su paisano, Camarón de la Isla, 30 años después de su llegada triunfal a los escenarios de París.

Por si fuera poco, algunas de las marcas con más tirón internacional cerraron la Semana de la Moda de París, incluidas Louis Vuitton -que suele vestir a la primera dama-, la potente MiuMiu -de Miuccia Prada-, y Chanel. Para tal ocasión, la casa de la irrepetible Coco recreó nada más y nada menos las calles otoñales de alguna ciudad francesa en el impresionante interior del Grand Palais. Abrigos, chaquetas y pantalones oscuros poblaron un desfile con influencia en los años 80 pero con el inconfundible toque intemporal de Lagerfeld. Vestidos largos negros, prendas en cuero, cuellos blancos encañonados, collants plateadas, piezas en tweed gris, zapatos de cordones y chignons altos e informales fueron la tónica. El «gatopardismo» vuelve a un París donde «todo cambia para que todo siga igual», paradoja de Giuseppe di Lampedusa que bien podría reflejar el brillo infinito de la moda en un París que desde Mitterrand no prestaba tanta atención a la moda.

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