Los socorristas, en pie de guerra contra manguitos y flotadores

Publicado 18/07/2018 in educacion, Familia

Los socorristas, en pie de guerra contra manguitos y flotadores

Estas son las opciones de flotación más seguras para tu hijo, según los socorristas

Manguitos, burbujas, churros, o el flotador de toda la vida… ¿Qué es más seguro? Muchos padres se preguntan cuál es el mejor sistema de flotación para acompañar los primeros días de sus hijos en piscinas, playas, ríos, bañeras… y la respuesta siempre es la misma: «Ninguno de los elementos que ayudan a la flotabilidad es un elemento de seguridad. Todos ellos, flotadores, burbujas, churros o manguitos son, en el mejor de los casos, considerados como juguetes, no como elementos de seguridad. De hecho, en todos nos encontramos la misma advertencia: no protegen frente al ahogamiento», advierte Pilar Naval, de Emergències Setmil, una empresa especializada en prestación de socorrismo acuático preventivo y asistencial.

Los inflables, explica Jéssica Pino, técnico socorrista de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), «ofrecen una falsa seguridad a los padres o adultos responsables que llevan a las familias a sentirse completamente seguras dentro del agua, pero una mala utilización de estos materiales de flotación pueden llevar a situaciones peligrosas».

En el caso concreto los manguitos, advierte Pino, «estos pueden quedar grandes, se pueden perder, pincharse y deshincharse… e incluso escurrirse, haciendo que el niño quede completamente sumergido en el agua». Respecto al flotador de rosca, «este es un elemento que puede quitarse, pero es que además el niño puede voltearse y quedar boca abajo sin capacidad de darse la vuelta. Nosotros tenemos alguna referencia de madres que nos cuentan cómo sus propios bebés los han reventado de un mordisco», relata Naval.

¿Y los flotadores de rosca con agujeros para las piernas, o las burbujas a la espalda evolutivas? «No, tampoco son seguros ninguno de ellos», insiste la profesional de Emergències Setmil. Cada uno de estos métodos, prosigue, «nos venden seguridad. Nos dicen que no se pinchan, que no se pueden quitar… y yo les pregunto, ¿y alguno de estos métodos nos asegura la postura del niño? ¿Evitan de alguna forma que la cara del pequeño esté dentro del agua? La respuesta es no».

La mejor opción, puntualiza Jéssica Pino, técnico socorrista de la (RFESS), sería el chaleco, homologado, de su talla y adecuado a su peso. «Precisamente por el tema de la postura. Porque si el niño, o el adulto, pierde la conciencia, el chaleco es la única forma de que mantenga la posición vertical y las vías aéreas fuera del agua». Así lo corrobora Naval, para quien, sin ser tampoco un elemento de seguridad, «que no lo es, y no nos exime de vigilancia continua, aporta alguna ventaja. Deja movilidad en brazos y piernas, no se afloja, no se lo quitan, alguno de ellos permite graduar el nivel de flotación añadiendo o quitando elementos y les mantiene en una posición adecuada, con la cabeza hacia atrás y la cara fuera del agua».

En clase qué usan los especialistas

Todos estos elementos están pensados para ayudar al niño en la flotación, «para que no tengamos que estar sujetando al niño con nuestros brazos todo el tiempo, también son utilizados por especialistas en clases de natación, pero no nos confundamos, en sus clases están en un entorno vigilado, con profesionales que conocen sus capacidades y que los utilizan para el aprendizaje», recalca Pilar Naval.

En efecto, corrobora Jéssica Pino, de la RFESS, «todos estos elementos pueden ayudar a los niños a que cojan confianza, a que se relacionen con el agua, y den ahí sus primeros “pasos”, pero no nos podemos olvidar que siempre deben estar bajo la supervisión de un adulto».

En estos primeros momentos de aprendizaje esta socorrista se decanta por ejemplo por el llamado “churro” porque, al final, «tiene múltiples posibilidades de funcionamiento»: «Se lo puedes poner para que monte “a caballito”, rodeando la cintura, lo puede agarrar con las manos, le permite movilidad en los brazos, en las piernas, equilibrio, permite mantener la posición horizontal… Intentamos elegir un material que se adapte a lo que queremos enseñar a los niños y este lo ofrece».

Cisnes, unicornios… y otras modas

Por muchos motivos a los socorristas, insiste la experta de Emergències Setmil, «no nos gustan los inflables, pero es que además generan una falsa sensación de seguridad en los padres y también en los niños. Dejamos al pequeño en la piscina o la playa, con los manguitos o flotador puesto y nos “desentendemos” mientras charlamos, tomamos el sol o nos vamos al chiringuito con la falsa tranquilidad de que lleva un elemento hinchable o de flotación. Ellos mismos se sienten seguros porque eso es lo que les hemos transmitido. Corren, se tiran, van hasta la parte más profunda donde no hacen pie, porque no tienen la sensación de inseguridad».

¿Y qué hay de los grandes inflables, tan de moda, cisnes, unicornios, colchonetas enormes…? «Pues que nos generan más de un susto. En piscinas suelen estar prohibidos, hay que tener en cuenta que el socorrista tiene que ver todo el fondo del vaso, un niño puede quedar oculto bajo uno de esos flotantes y no podemos verlo. En el mar ayudados por la flotación que nos permiten, nos adentramos mucho más de lo que seríamos capaces de hacerlo por nuestros medios, pero hay que volver… en muchas ocasiones quedamos al albur de las corrientes o perdemos el inflable y no tenemos capacidad de llegar a la orilla», explica Pilar Naval.

Lo más efectivo

Piscinas, playas, ríos, bañeras… El agua es para los niños sinónimo de diversión y así debe seguir siendo, pero la línea que separa la diversión de la tragedia en este caso es muy fina y tiene nombre y apellidos: Supervisión adulta permanente. «¡No hay que quitarles el ojo, nunca, en ningún momento! No existe sustituto de la supervisión de un adulto. Por ello, la estricta vigilancia y el control permanente son básicos. Vamos a poner el ejemplo de la típica celebración familiar, con una piscina cerca. En ese caso, nosotros recomendamos que se nombre a un responsable de la supervisión, o que se hagan turnos de vigilancia, o de lo contrario se puede caer en el error de que uno confía en que el otro está observando a los niños y no es así», sugiere Mª Ángeles Miranda.

En efecto, «los ojos de mamá y papá, siempre encima. Esa es la mejor prevención», concluyen desde la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS).

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